miércoles, 30 de octubre de 2013

Más allá del Patriarcado: Un modelo libertario de familia

La familia: ¿amiga o enemiga?

La familia es uno de los temas que divide a liberales de conservadores. En general, los conservadores tienden a ver a las asociaciones privadas - la familia, la iglesia, la corporación - como baluartes de libertad contra el estado. Pocos conservadores cuestionan la necesidad de un aparato estatal poderoso, pero insisten en que éste opere en servicio de las asociaciones privadas y no las suplante. Los liberales, por el contrario, es más probable que observen a estas asociaciones privadas - familia, iglesia, corporación - como amenazas a la autonomía, también ven a la intervención estatal como un garante de libertad contra las tendencias opresivas de las asociaciones privadas. Pocos liberales buscan abolir tales asociaciones, pero sí las quieren subordinar al estado - de la misma forma que los conservadores quieren subordinar al estado a las asociaciones privadas.

Esta disputa, como muchas entre la derecha y la izquierda, es una que los libertarios deben observar desde afuera. Los libertarios concuerdan con los conservadores en que el estado es la mayor amenaza a la libertad, y que las asociaciones privadas deben ser protegidas de la interferencia del gobierno. Pero los libertarios también son sensibles al potencial de opresión en las asociaciones privadas, especialmente cuando estas asociaciones son beneficiarias del favoritismo del gobierno. El enfoque conservador de poner el estado al servicio de la familia, la iglesia y la corporación simplemente entrega las riendas del poder a estas instituciones, que con este poder no puede gozar de más confianza de la que se le da a la burocracia del gobierno.

Los conservadores ven a la familia como la unidad fundamental de la sociedad. Pero para los libertarios, la unidad fundamental es el individuo. De aquí que los libertarios han sido ambivalentes tradicionalmente con respecto a la familia (así como respecto a sus parientes cercanos, la iglesia y la corporación). La familia, como un lugar de influencia y lealtad separada del estado, es ciertamente algo que los oponentes del poder centralizado están ansiosos por defender. Pero por otro lado, los libertarios están profundamente conscientes de que la familia no siempre ha sido una esfera de libertad individual, particularmente para las mujeres y los niños. ¿De qué manera, entonces, deberían los libertarios pensar respecto a la familia?


El origen de la familia

En términos biológicos, la familia se origina en la necesidad de criar a la descendencia. Los animales inferiores a veces no tienen familias, porque no las necesitan; vienen al mundo con un repertorio de comportamiento para la supervivencia de un adulto completo genéticamente programado dentro de ellos. En muchos insectos y especies de pescados, el padre o está muerto o largamente ausente para el momento en que el nuevo organismo eclosiona. Pero la proporción de instinto de aprendizaje es mayor en especies más inteligentes y flexibles, y por ello esas especies necesitan un período de niñez más largo. En tales especies, uno o los dos padres se quedan con el joven hasta que este período de aprendizaje vulnerable haya pasado. Esta es la forma más primitiva de familia.

Esta primera familia es a veces efímera. En muchas especies animales, la unidad familiar se disuelve tan pronto como los jóvenes han crecido completamente; de allí en adelante, la descendencia y las antiguas parejas son tratadas más o menos de la misma forma que cualquier otro miembro de su especie.

Pero el proceso evolucionario está lleno de recursos. Una característica que emerge inicialmente para cubrir una necesidad, puede entonces ser presionada para cubrir otra. Existen ventajas evolutivas para mantener una relación cooperativa entre miembros de la familia más allá del punto necesario para asegurar la continuidad de la especie. Y con los animales superiores, no solamente la evolución biológica sino la evolución cultural puede aparecer en el juego (por ejemplo, un gato criado para considerar a los ratones como compañeros de juegos en vez de presas puede a su vez criar a una generación entera de gatos pacifistas).

Entre los humanos, la familia aún sirve a la función original de la crianza de niños, pero adquirió un robusto rango de nuevas funciones además, sirviendo tanto a las necesidades económicas como emocionales de sus miembros. La familia creció más allá de su base biológica original, incrementando así dramáticamente el número de estructuras familiares posibles.

Un paralelo puede hacerse con el lenguaje. Presumiblemente, el lenguaje evolucionó primero para transmitir información vital para la supervivencia, tal como "Hay un tigre dientes de sable detrás de aquellos afloramientos rocosos" o "No comas estos, son los hongos que me enfermaron anteriormente". Y el lenguaje aún sirve a esa función. Pero el lenguaje actual también sirve a un extenso rango de necesidades espirituales cuya relación con la supervivencia física es tenue en el mejor de los casos. Condenar (como muchos conservadores hacen) las relaciones familiares que no están planteadas para el propósito de la crianza de niños es como condenar al Hamlet de Shakespeare por no decirnos dónde está el tigre dientes de sable.

En su libro The Psychology of Romantic Love, el sicólogo libertario Nathaniel Branden rastrea la institución del matrimonio desde los tiempos primitivos hasta el presente. En tiempos antiguos, remarca, se esperaba que el matrimonio se base en consideraciones económicas y sociales, no en el amor; el fenómeno del amor romántico era considerado una obsesión antisocial, una locura desafortunada en la que la gente cae a veces. En la Edad Media el matrimonio por amor permaneció socialmente impracticable por mucho tiempo, pero la literatura de la época (en oposición a la doctrina de la iglesia) empezó a celebrar el amor romántico como una de las mayores experiencias humanas, y a representar al matrimonio que no se basaba en el amor como una institución opresiva. Pero los romanceros medievales no eran revolucionarios sociales; más que concebir un cambio fundamental en la naturaleza del matrimonio, generalmente retrataban al amor romántico como glorioso pero adúltero y condenado trágicamente. Fue en la ascensión del capitalismo industrial, dice Branden, que por primera vez se dio a la mujer la suficiente independencia económica para posponer el matrimonio, y esta mayor igualdad, dice, junto con la ética capitalista del individualismo, es lo que llevó a la expectativa, en la sociedad de hoy día, de que el matrimonio se centrara ordinariamente en el lazo romántico por sobre todo lo demás. En la medida en que este cambio sea algo bueno, como creo que es, los seres humanos han logrado hacer del vínculo de emparejamiento sexual algo superior a lo que la naturaleza proveyó originalmente.

Desafortunadamente, las habilidades humanas intelectuales y sociales que nos permiten mejorar respecto a la naturaleza, también nos permiten hacer las cosas peor que la naturaleza. Históricamente, las familias humanas han sido instituciones opresivas y explotadoras, de una forma en que las familias animales no parecen ser. El más puro ejemplo de esto es la familia romana, en la que la cabeza masculina de la casa (el pater familias) tenía la atribución legal de matar a su mujer y a sus hijos (incluso ya crecidos). Este aspecto de las relaciones familiares se llama patriarcado ("el gobierno del padre"), significando la subordinación de las esposas a los maridos y de los hijos a los padres. Aquellos que defienden al patriarcado como "natural" a veces señalan al reino animal como modelo; pero tradicionalmente, la autoridad paterna y la inequidad sexual han sido mucho más pronunciados en sociedades humanas que en  la mayoría de las sociedades animales. Los recientes acontecimientos políticos - surgidos en parte del impulso de los libertarios de subordinar la autoridad patriarcal a los derechos individuales, y en parte del impulso liberal de bienestar de subordinar la autoridad patriarcal a la del estado - han debilitado la institución del patriarcado, pero no la eliminaron completamente. En su valioso libro Justice, Gender, and the Family, Susan Okin señala algunas de las formas en las que la sociedad contemporánea todavía refuerza sistemáticamente las estructuras familiares patriarcales. [1] ¿Cómo pueden desarrollarse las familias en una sociedad verdaderamente libre más allá de este paradigma patriarcal?


Estructuras familiares voluntarias

 Como se mencionó arriba, la dependencia humana en el aprendizaje por sobre el instinto nos permite progresar más allá de las limitaciones de nuestra programación genética, incrementando así el número de estructuras familiares disponibles para nosotros. Las relaciones de parentezco y uniones procreativas, si bien seguirán siendo una base importante de las estructuras familiares, no son las únicas. A pesar de todo, la mayoría de las sociedades humanas tienen leyes ordenando solamente cierta clase de estructura familiar, prohibiendo las otras. Los conservadores argumentan que tales leyes son necesarias para que la sociedad no colapse; ven a la monogamia heterosexual como prerrequisito para una cultura sana, y así como institución merecería protección legal. A pesar de todo, los conservadores también se ven a sí mismos como defensores de la cultura tradicional occidental iniciada con los antiguos judíos y griegos, dos grupos cuyo compromiso con la heterosexualidad (en el caso de los griegos) y la monogamia (en el caso de los judíos) es difícilmente notable; ¿sus culturas eran defectuosas?

Un sistema legal libertario no concede protección especial a cierto tipos de familia, pero permitiría cualquier arreglo que fuese consensuado y pacífico. La monogamia o la poligamia; matrimonio heterosexual u homosexual; [2] familias extendidas, familias nucleares o familias de padres solteros; [3] matrimonios grupales (sexuales o no sexuales) - cualquiera de estas relaciones serían permitidas. Es un error suponer que solamente existe un tipo de estructura familiar correcta para todos; e incluso si la hubiera, sería un error pensar que podamos estar justificablemente seguros que la hayamos encontrado si no permitimos el proceso de descubrimiento de competición entre estructuras familiares alternativas operar libremente.

Otra manera en que la sociedad libertaria diferiría es en la mayor variedad de contratos matrimoniales de las que las instituciones legales estarían con voluntad de reconocer y hacer cumplir. (Digo "instituciones legales" en vez de "estado", para dejar abierta la posibilidad de una sociedad anarquista). Habría algunos límites aquí, sin embargo; he argumentado en artículos previos que los contratos de servidumbre acordada no son legítimos en términos libertarios, y el mismo razonamiento aplicaría a contratos que prohíban el divorcio. Muchos estatistas (originalmente de derechas; pero ahora se les unen voces de izquierdas) argumentan que las leyes de matrimonio deberían hacer que los divorcios sean más difíciles de hacer, primeramente con el objeto de "proteger a los niños". Mientras esto podía haber funcionado en los días en que las normas sociales eran distintas, el resultado de tal legislación si fuese implementada hoy sería, no de parejas infelices quedándose juntas, sino parejas infelices separándose sin divorcio, y siguiendo sus vidas con nuevos compañeros sin volver a casarse. De qué manera esto podría mejorar la situación de los chicos es poco claro. (Los conservadores dicen que deberíamos intentar fomentar los matrimonios estables "restaurando el estigma de ilegitimidad". La noción de que esto podría beneficiar a los niños afectados es aún más extraña). En cualquier caso, los padres como individuos soberanos tienen el derecho de la libre asociación y separación, y forzarlos a permanecer en una relación, con alguien a quien no aman más, es tiránico. (También creo que la idea de que los padres deberían permanecer en un matrimonio falso por el bien de los niños es inmoral, una especie de sacrilegio contra el propio matrimonio - aunque por supuesto los padres tienen el derecho de tomar tal decisión si así lo decidieran). Pero, dejando de lado los contratos sin salida, las instituciones legales libertarias respetarían una mayor variedad de contratos matrimoniales. Las parejas que se encontraran en disputas no cubiertas por su contrato, o que no tienen contrato, podrían ser tratadas por cortes como si hubiesen firmado cualquiera fuese el contrato "por defecto" que existiera en la sociedad - aunque podrían siempre no optar por cualquiera de las provisiones del contrato por defecto haciendo un contrato explícito en favor de lo contrario.


Derechos de los niños

El ideal libertario es uno de independencia. Sin embargo todos venimos al mundo como seres dependientes, seres que deben obedecer a personas que, a cambio, deben proveernos cuidados. Tal situación parece contraria a los valores libertarios, sin embargo es uno de los hechos básicos de nuestra existencia; ¿cómo puede acomodarse el libertarismo a la niñez? El derecho parental de tomar decisiones por sus hijos es una excepción al principio libertario de que nadie debería tomar decisiones por otra persona; el deber parental de proveer cuidados por sus hijos es una excepción al principio libertario de que nadie debería ser requerido de proveer asistencia a otra persona. ¿Qué justifica estas excepciones?

Una respuesta posible es que estas excepciones son benéficas. Considere al niño que empieza a vagar entre el tráfico, hasta que el padre cae en picada y pone nuevamente al niño bajo seguridad. ¿No ha obligado el padre al niño, previniéndole de hacer lo que quería hacer? Parece ser así. Pero si el padre no hubiese intervenido, el niño podría haberse lastimado o muerto; así que está en el interés del niño el de ser obligado a ello.

Sin duda que lo es; ¿pero puede ser esto lo que justifica la autoridad paterna? Después de todo, los libertarios generalmente rechazan la noción paternalista de coercer a la gente para beneficiarlas, y argumentan en vez de ello que la gente tiene el derecho de cometer sus propios errores. ¿Por qué no aplica para los niños?  Si permitimos a los adultos inmiscuirse en comportamiento arriesgado como el bungee jumping, escalar montañas o practicar el sexo sin protección, ¿por qué no permitir a los niños que efectúen comportamientos arriesgados como caminar en el tráfico o tomar lavandina?

Algunos libertarios han concluido que el argumento anti-paternalista de hecho sí aplica a los niños, y sostienen que está mal restringir de cualquier manera a los niños siempre que no estén lastimando a alguien más; tales libertarios sostienen que los niños deberían tener derechos completos de firmar contratos o tener sexo con adultos. En reacción a esto, otros libertarios han ido al extremo opuesto, sosteniendo que los niños son propiedad de sus padres y que los padres pueden hacer con ellos lo que quieran. La mayoría de los libertarios toman una posición intermedia, considerando a los padres ni iguales ni dueños de sus hijos, sino más bien como sus guardianes, autorizados a tomar decisiones por ellos y obligados a proveerles bienestar. Tal vez esta sea la posición más de sentido común; ¿pero constituye esto una desviación del libertarismo estricto?

No lo creo. En mi visión, lo que justifica el tratamiento paternalista de los niños no es simplemente que tales tratamientos beneficien a los niños (también podría beneficiar a los adultos tontos), sino más bien el que los niños carecen de la capacidad de tomar decisiones racionales acerca de sus vidas (mientras los adultos tontos pueden tener esa capacidad aun cuando no la usen mucho). Considere la analogía de un persona en coma, tomamos decisiones médicas para esas personas sin su consentimiento, porque asumimos que habrían de consentir si pudiesen hacerlo. Si una persona en coma dejó instrucciones de no usar ciertos tipos de tratamientos, entonces la mayoría de los libertarios estarían de acuerdo que deberíamos abstenernos de usarlas. Así que este no es un caso de cancelar en forma paternalista la voluntad de alguien, sino de actuar como un agente para alguien que actualmente está imposibilitado de ejercitar su voluntad. Podemos también extender el análisis a casos donde la capacidad de toma de decisiones racionales no está completamente bloqueada (como el caso de una persona inconsciente), sino simplemente disminuida, como con las personas que están drogadas, delirantes o mentalmente lesionadas. Sugiero que los niños puedan ser considerados como ejemplos de capacidad disminuida; los guardianes actúan como agentes para los niños, tratando a los niños como ellos juzgan que los niños podrían consentir de ser tratados si sus facultades estuviesen completamente desarrolladas. El estándar que justifica el paternalismo no es el de aquello que le resulte beneficioso sino el consentimiento hipotético, los dos son diferentes porque una persona con facultades totalmente desarrolladas todavía pueden fallar en usarlas y toman así decisiones tontas.

Esto ayuda a explicar por qué los derechos y responsabilidades de la tutela van juntas de la manera en que lo hacen. Específicamente, la tutela es un fardo compuesto por un derecho (el derecho a tomar decisiones acerca de lo que le sucede al niño) y una responsabilidad (el deber de ocuparse del bienestar del niño). Éstos vienen como unidad, porque solamente cuando las decisiones que tomamos son aquellas que el discapacitado consentiría si no fuera discapacitado (hasta donde podamos determinar) que estamos justificados a actuar como un agente y sustituir nuestros juicios por los de él.

El hecho de que la relación guardián-tutela depende de la capacidad disminuida tiene una importante implicancia para los derechos de los niños. La capacidad disminuida es una cuestión de graduaciones; la capacidad de tomar decisiones racionales de un niño de 13 años no está tan  disminuida como la de uno de 4, que por el contrario no está tan disminuida como la de un recién nacido. Así que es poco realista tener un límite de edad absoluto, debajo de la cual un niño está completamente bajo la autoridad de su guardián (e incapaz de comprometerse en cualquier transacción financiera vinculante, desde comprar una casa hasta un paquete de chicles) y arriba de la cual es repentinamente un agente totalmente responsable. Cuanto más viejo es un niño, más fuerte se vuelve la presunción de que la voluntad expresa es un reflejo preciso de la voluntad que tendría si no fuera discapacitado. Así, por ejemplo, el deseo de un adolescente de tener un arito en la oreja debe considerarse con más peso que el deseo de un niño de tener un arito en la oreja; y una capacidad racional que no es competente para dar consentimiento informado en caso de comprar una casa puede ser bastante competente para la tarea de comprar chicle. Estas suertes de áreas grises podrían probablemente ser manejadas mejor por precedentes progresivos de tribunales que ser definidos de forma fija por estatutos.

He dicho que el criterio de cómo debería ser tratado un hijo no es aquel basado en lo que le reporte beneficios al niño, sino aquel que el niño consentiría si sus facultades racionales no fuesen limitadas - un estándar que presumiblemente acompañaría con precisión justa al bienestar del niño, pero que no coincidirá con él enteramente, especialmente cuando el niño se hace grande. (Por ejemplo, podríamos pensar que el pequeño Nemo estaría mejor como corredor de bolsa que como artista callejero, pero si toda la evidencia sugiere que Nemo probablemente de manera abrumadora elija el arte callejero como carrera de adulto, entonces no estamos justificados a forzarlo a asistir a campamentos de corredores de bolsa, si existiera algo así). Pero por supuesto, lo que el niño llegue a consentir probablemente en forma retroactiva, de adulto, está por amplio alcance (aunque no completamente) determinado por decisiones hechas por los padres en su tierna infancia. En otras palabras, si fuiste criado musulmán, entonces probablemente mirarás hacia atrás y dirás "Soy feliz de haber sido criado en el Islam"; pero si no fuiste criado como musulmán, entonces probablemente estés feliz de no haberlo sido. En casos en que las preferencias probables futuras del niño están siendo moldeadas por el tratamiento presente, ¿cómo entonces invertimos el análisis y usamos aquellas probables preferencias futuras como un criterio para evaluar el tratamiento presente?

Este es un caso difícil: por un lado, los libertarios generalmente son propensos a decir que el padre está en mejor posición que cualquiera para decidir, por ejemplo, en qué religión debería criarse a un niño, y este es un asunto en el que los que no representen los intereses del niño no deberían interferir, incluso aunque creamos que ser criados en una religión sea objetivamente mejor que ser criado en otra. Por el otro lado, cuando se refiere a procedimientos abusivos como la mutilación genital femenina (popularmente conocida con el eufemismo de "circuncisión femenina", transmitiendo falsamente la impresión de ser comparable en seriedad con la circuncisión masculina), generalmente pensamos que los padres no tienen el derecho de hacer esto, incluso aunque las mujeres que han hecho el procedimiento de jóvenes usualmente lo apoyan en retrospectiva cuando son adultas, porque se les ha inculcado con las actitudes y valores culturales relevantes. (Casos como la Iglesia de los Científicos Cristianos y Testigos de Jehová que deniegan a sus hijos atención médica parecen venir al caso). [4] Ni el criterio del beneficio ni el criterio del consentimiento hipotético da precisamente las respuestas que queremos en tales casos, lo cual sugiere que podría necesitar hacer más intrincada mi teoría y de alguna forma incorporar aspectos del criterio del beneficio en el estándar de consentimiento hipotético, sin intención de hacerlo de manera a justificar algún tipo de paternalismo hacia los adultos. No he logrado elucubrar completamente cómo hacerlo, pero tal vez algo a lo largo de las siguientes líneas podría funcionar: cuando consideramos las probables preferencias futuras del niño, esas preferencias incluyen tanto una preferencia genérica de ser beneficiado, y una (posiblemente errada) preferencia específica por un tratamiento particular considerado como beneficioso. Dado que estas preferencias no son actuales, no podemos tratar a una como más expresiva de la voluntad del niño que la otra (en que una vez que el niño creció y actúa en base a la última preferencia, le da prioridad sobre la anterior). Así que el guardián está obligado a balancear el deseo genérico de ser beneficiado (lo que requiere que el guardián provea lo que es efectivamente beneficioso) con el deseo específico por lo que sea que el niño considerará probablemente en el futuro, como aquello que fuera beneficioso. Así que cuanto más dañino sea realmente un tratamiento particular, tanto más pesa la defensa por la abstención de tal tratamiento tiene versus el contrapeso de que el niño terminará apoyándolo cuando mayor.

¿Cómo se adquieren las tutelas? Presumiblemente de la misma forma que otros derechos de propiedad: por apropiación o transferencia. La forma más simple para apropiarse de una tutela sería encontrar un niño abandonado y encargarse de proveerle de cuidados. Otra forma de apropiar tutela es dar a luz al niño, la madre se inicia como guardián del niño, una posición para la cual nadie más (ni siquiera el padre) es capaz de reclamar a menos que la madre lo acepte. (No creo que una madre embarazada pueda conceder derechos de tutela por adelantado, por contrato, por la misma razón que uno no puede vender su propia sangre antes de que haya sido extraída del cuerpo; uno no puede alienar una posesión que aún está incorporado en uno mismo.) [5] Uno puede también obtener una tutela por donación o comprarlo de alguien que renuncie a ella (por ejemplo, adopción).

El hecho de que lo que se posee es la tutela sobre un niño, más que simplemente poseer al niño, pone restricciones en cómo uno puede deshacerse de una tutela. Mientras uno la tenga, uno  está obligado a ejecutarla de maneras consistentes con el bienestar del niño, y así (dado que renunciar a la tutela es en sí mismo un ejercicio de tutela) uno no puede renunciar a la tutela arrojando al bebé en un contenedor de basura o vendiéndolo a alguien que sabes que planea cocinarlo y comérselo. Por analogía, si rescatas a un paciente comatoso de un incendio en un hospital, no puedes renunciar a tus deberes de tutela arrojando a tu paciente a un río, sino que debes transportar al paciente a otro hospital.


El status de las mujeres

Los libertarios tienen una relación tensa con el feminismo. Muchos apoyan la distinción que hace Christina Sommers entre el "feminismo liberal" y el "feminismo de género". Las feministas liberales, dice Sommers, están preocupadas con la igualdad legal, por ejemplo, con asegurar que hombres y mujeres tengan los mismos derechos ante la ley, mientras las feministas de género van más allá y afirman que la desigualdad sexual impregna cada aspecto de la sociedad, y que una mera igualdad ante la ley es insuficiente para compensar este problema. La distinción de Sommers, y su preferencia por el feminismo liberal sobre el feminismo de género, es compartida por muchos en la comunidad libertaria.

La feminista libertaria Wendy McElroy ofrece un análisis más sutil [6] en la introducción de su libro Freedom, Feminism, and the State. Allí ella distingue no dos, sino tres tipos de feminismo. Primero el "feminismo mainstream", que simplemente busca incluir a las mujeres equitativamente con los hombres en cualquiera sea el status quo legal existente. Si existen hombres senadores, también debería haber senadoras; si los hombres pueden ser obligados al servicio militar o a campos de trabajos forzados, también las mujeres; y así. Esta posición está en contraste con lo que McElroy llama "feminismo radical", que ve la igualdad sexual como un síntoma de una desigualdad más profunda que impregna a la sociedad como un todo y es inherente en el status quo (de forma que la simple inclusión en el status quo no lo mejorará). Existen, dice McElroy, dos tipos de feministas radicales: la "feminista socialista" que ve a la desigualdad socioeconómica como culpable y el feminismo individualista (es decir, libertario), que considera el problema como derivado de la desigualdad política (donde McElroy se refiere a la "desigualdad política" como cualquier subordinación coercitiva de una persona sobre la voluntad de otra - donde el estatismo es el caso paradigmático de desigualdad política).

La distinción de McElroy es mejor que la de Sommers, porque Sommers habría de englobar a las feministas mainstream e individualistas en el mismo campo del feminismo liberal, ignorando las diferencias importantes entre ellas. Pero incluso la distinción de McElroy, me parece, no va lo suficientemente lejos. McElroy parece creer que es anti-libertario preocuparse sobre las diferencias socioeconómicas entre hombres y mujeres, excepto en la medida que esas diferencias sean resultado de una acción coercitiva del estado. Ahora, es verdad que las feministas libertarias deberían evitar buscar soluciones gubernamentales para esas desigualdades, pero eso no significa que ellas no deberían considerar tales desigualdades como indeseables, y en necesidad de alguna suerte de solución (no gubernamental). Con seguridad las llamadas "feministas de género" están en lo correcto al señalar que las desigualdades sexuales indeseables están extremadamente impregnadas en nuestra sociedad.

Como señala Susan Okin en el libro que mencioné antes, la mayoría de las teorías políticas (y esto es con certeza verdad en el libertarismo) tienden a asumir como propio un factor maduro que surgió gracias al trabajo de otra persona, usualmente labor femenina. Las condiciones de empleo en nuestra sociedad (horas de trabajo, estructura de licencias y beneficios, etc.) también parecen estar diseñados con la asunción de que el trabajador tiene una esposa en casa, incluso cuando el trabajador es mujer. Las mujeres todavía hacen la mayoría de los trabajos domésticos no pagados, incluso cuando trabajan, y tienden a poner las carreras de sus maridos por delante de las de ellas; dando como resultado, si el matrimonio se quiebra, que sea el hombre, no la mujer, quien está mejor preparado para prosperar en el mercado laboral. [7] Okin argumenta que este hecho da al marido poder desproporcionado en la relación, dado que tiene menos para perder cuando sale de ella. (Okin también señala maneras en las que las leyes existentes sobre el matrimonio exacerban esta situación; su capítulo "Vulnerabilidad por matrimonio" es uno que jueces y legisladores libertarios bien podrían leer con provecho.) Es más, Okin da énfasis en que la familia es la primera escuela de moralidad, esto es, es el primer contexto en el cual la gente aprende acerca del comportamiento interpersonal apropiado, y si la familia está caracterizada por relaciones explotadoras unilaterales, no producirá la clase de ciudadanos en los que se puede confiar para mantener una sociedad justa.

Yo creo que las preocupaciones de Okin son importantes. Las propias soluciones de Okin, por supuesto, son coercitivas y estatistas por naturaleza; pero necesitamos no renunciar su reporte de los problemas simplemente porque dudamos tanto de la moralidad como de la utilidad de sus soluciones.

Una sociedad libertaria no resolvería automáticamente todos los problemas que menciona Okin; los sesgos culturales pueden sobrevivir incluso sin apoyo gubernamental. Sin embargo, la ausencia de tal soporte debilita la efectividad de aquellos sesgos, haciendo así más fácil combatirlos a través de medios voluntarios, si solamente nos encargáramos de hacerlo. En particular, la explosión de prosperidad que una sociedad libertaria vería, transitaría por un largo camino hacia proveer a las mujeres de una red de seguridad económica más efectiva que cualquier programa de bienestar del gobierno. (Una posibilidad es que las mujeres pudiesen formar redes de apoyo mutuo de un tipo que las regulaciones gubernamentales de hoy harían imposible). Y he discutido en artículos previos por qué la competición tendería a socavar el impacto del sesgo sexista en el mercado.

Quisiera cerrar hablando un poco acerca del abuso conyugal, uno de los más feos remanentes del patriarcado en la familia moderna. ¿Cómo debería manejar este problema un sistema legal libertario? Hoy, nuestra fuerza policial predominantemente masculina (y a veces orientada a lo bruto) es bien conocida por no ser particularmente útil en dirigirse a esta cuestión. La canción "Detrás del muro" de Tracy Chapman (del álbum Tracy Chapman) expresa una queja familiar:

Anoche escuché el grito
voces detrás de la pared
otra noche sin dormir para mí
no haré bien alguno llamando
la policía siempre llega tarde
si es que llegan a venir

y cuando vienen
dicen que no pueden interferir
con asuntos domésticos
entre un hombre y su esposa
y mientras salen por la puerta
las lágrimas brotan en sus ojos

anoche escuché el grito
y luego un silencio que congeló mi alma
recé estar soñando
cuando ví a la ambulancia en la calle

y el policía dijo
estoy aquí para mantener la paz
la multitud se dispersa
creo que todos podríamos dormir un poco

¿Podría ser que el hecho de que las fuerzas policiales corrientes disfrutan de un monopolio coercitivo en la provisión de seguridad dentro de sus respectivos territorios no tuviera nada que ver con esta situación? Imagine un escenario en el que diferentes tipos de agencias policiales, especializándose en distintos tipos de problema, pudiesen competir en el mercado abierto. Una agencia policial feminista (tal vez una red de apoyo mutuo, tal vez un negocio de cuotas por servicio, tal vez una organización sin fines de lucro que dependiera de contribuciones caritativas, tal vez una combinación de las anteriores) habría, con más probabilidad, de ser mucho más sensible y susceptible en asuntos de abuso conyugal de lo que son las agencias policiales de hoy día. Un agresor podría pelear con tres feministas armadas con Uzis apareciéndose frente a su puerta para investigar. (En esta conexión, recuerde que el control de armas (que no habría de existir en una nación libre) es una de las herramientas más efectivas del patriarcado, dado que favorece a aquellos con mayor fuerza física; la posesión extendida de armas y el entrenamiento socavan la vulnerabilidad femenina a la violencia masculina compensando las diferencias de fuerza promedio entre hombres y mujeres).

Un asunto relacionado es el de la autodefensa contra el abuso conyugal. En un número de casos recientes, una mujer mató o mutiló a su marido abusivo porque ella temía que el abuso continúe, incluso aunque su marido no haya estado abusando de ella en el preciso momento en que ella lo atacó. Nuestro sistema legal tiende a tratar a estas mujeres como criminales, sobre la base de que la autodefensa violenta está justificada solamente cuando la amenaza es inmediata (excepto cuando es el gobierno el que está haciendo la defensa, en cuyo punto los criterios para la violencia preventiva justificable parece volverse extremadamente laxa). El argumento es que una mujer abusada debería huir del hogar en lugar de quedarse y asaltar a su abusador. ¿Pero por qué ella debería dejar su propio hogar, simplemente porque es también el hogar del abusador? Incluso nuestro sistema legal degradado generalmente reconoce que uno no tiene deber de retirarse de un atacante cuando uno está en su propia casa. Si eres la víctima de un patrón persistente de violaciones severas de derechos, un patrón del que tienes cada una de las razones para esperar que continúe, y si las autoridades externas no ofrecen protección confiable, me parece a mí que estás justificado a encargarte de tu propia defensa, y de que una corte libertaria debería reconocerte esto. Un sistema legal competitivo permitiría una mayor voz a las perspectivas de las mujeres en decidir el tratamiento de tales casos del que es posible bajo nuestro sistema político.


Más allá del patriarcado

Los conservadores están en lo correcto: la familia es una institución de valor supremo e importancia, tanto en su propio derecho y como un baluarte contra la invasión del estado. Los liberales también tienen razón: la familia ha servido a veces como una esfera de opresión y explotación, gracias a la tradición del patriarcado, en la que las mujeres son injustamente subordinadas a los hombres, y los niños son injustamente subordinados a los padres. La respuesta libertaria apropiada a ambas preocupaciones es ver cómo, consistentemente con nuestros principios anti-intervencionistas, podríamos fomentar una estructura familiar libre de la influencia patriarcal.

En el caso de los padres e hijos, esto significa reconocer que en la decisión de cómo tratar a sus hijos, los padres deben intentar buscar no solamente el bienestar del niño, sino también aquello que el niño probablemente (una vez que madure) prefiera, dado que una preferencia expresa de un niño se vuelve una guía más precisa de sus preferencias de maduro mientras pasa el tiempo, esto significa que los padres tienen menos y menos justificación, mientras el niño crece, por imponerle sus propias concepciones de beneficio cuando chocan con los del niño. Este modelo de relación padre-hijo es así anti-patriarcal, en la medida que le da al niño un mayor derecho a voz y voto en su propio tratamiento que el que le da el estandar de beneficio, mientras al mismo tiempo reconoce la suficiente distancia entre las preferencias expresadas y las maduras para evitar las consecuencias extremas de la “rebelión juvenil”.

En el caso de maridos y mujeres, ir más allá del patriarcado significa buscar promover tanto un ambiente de trabajo y hogareño que no ponga en desventaja sistemática a las mujeres en relación con los hombres. En la esfera económica, esto implica remover las barreras regulatorias a la competición, dando así a los empleados generalmente, incluyendo a las mujeres, más fuerza en el mercado laboral, poniéndolas en una mejor posición para negociar por mayores pagas, licencias por maternidad, etc. (que los empleadores, también beneficiándose del boom económico que la libertad traería, estarían en mejor posición de proveer). En la esfera legal, implica abolir las leyes que discriminan a las mujeres y más importante aún, abrir los servicios de adjudicación y aplicación de la ley a la competición, de manera que las preocupaciones de las mujeres puedan ser más adecuadamente representadas. Y en la esfera cultural, implica inculcar una actitud de reciprocidad y respeto mutuo.

Algunos libertarios podrían decir que no necesitamos este último aspecto: si hay algún problema serio, el mercado se encargará de ello, así que no necesitamos cultivar nada. Creo que esta actitud es una equivocación, y tiende a promover actitudes discriminatorias (si el mercado no se hizo cargo de ello, entonces no debe ser problema serio alguno; por ej., si las mujeres no logran ganar tanto dinero como los hombres en el mercado, debe ser culpa de ellas). Los libertarios a veces son reacios a reconocer estructuras de poder atrincheradas cuando no vienen vinculadas a las oficinas de gobierno; pero debemos recordar siempre que el poder y la tiranía son más antiguos que el estado. Efectivamente, Herbert Spencer curiosamente sugirió (en sus Principles of Sociology) que la subordinación de la mujer al hombre es la forma inicial de opresión de la que todas las posteriores crecieron, incluyendo el estado. Deberíamos también recordar, cuando decimos "el mercado se encargará", que nosotros somos el mercado, que su operación exitosa depende de la vigilancia de emprendedores kirznerianos, que nosotros que hemos notado un problema estamos en la mejor posición de ejercer ese rol emprendedor. Destacar la rama hayekiana en el pensamiento socio-económico austríaco a costa de la rama kirzneriana puede conducir a la pasividad excesiva frente a las fuerzas omnipotentes y omniscientes de la historia(*).


Notas:

[1] Susan MOller Okin, Justice, Gender, and the Family (New York: Basic Books, 1989). Este libro ha conseguido algo de mala prensa entre libertarios, primero por su ataque peculiar al libertarismo, y segundo por las propias propuestas políticas más bien socialistas de Okin. Es verdad que Okin tiende a malinterpretar y tergiversar las posiciones de sus oponentes, y su capítulo sobre el libertarismo es particularmente escandaloso en este sentido; es también verdad que sus propuestas políticas serían una pesadilla estatista si son promulgadas. Aun así, creo que hay mucho de valor en su libro que los libertarios necesitan considerar cuidadosamente.

[2] El argumento a veces se hace [partiendo de que] incluso si las relaciones homosexuales debieran ser permitidas, no deberían ser llamadas "matrimonio", porque el matrimonio históricamente ha sido un relacionamiento entre hombres y mujeres. Pero siguiendo esa lógica, los relacionamientos heterosexuales contemporáneos no deberían contar como matrimonio tampoco. Después de todo, el matrimonio implicó históricamente la asimilación legal de la esposa en una subordinación a su marido, así que uno podría decir que ningún relacionamiento entre iguales debería ser considerado matrimonio. (De hecho, esto es exactamente lo que muchos defensores del "amor libre" del siglo XIX hicieron; el antagonismo del movimiento del amor libre hacia el matrimonio no era (en la mayoría de los casos) una aprobación de la promiscuidad, sino más bien una hostilidad a lo que ellos veían como una relación inherentemente unilateral y explotadora). Pero creo que esto sería un error; la naturaleza del matrimonio no está inherentemente determinada por la forma particular que toma en una sociedad dada. El matrimonio y la familia son fenómenos históricos, y no pueden ser definidos separadamente de la manera en que se desarrollaron en el tiempo.

[3] Las familias monoparentales últimamente están bajo ataque de conservadores, que citan estadísticas que muestran que a los niños de hogares con dos padres les tiende a ir mejor que a los de aquellos hogares con uno solo. Una pregunta que pocas veces se hace es ¿cuánto de esta diferencia deriva de una ventaja inherente de dos padres sobre uno, y cuánto más bien deriva de la dificultad económica y reducido tiempo padre-hijo que impone una (políticamente fabricada) economía de salarios bajos sobre las familias de padres solteros?

[4] En realidad, los dos casos son diferentes en cierta forma. Como lo entiendo yo, los Testigos de Jehova simplemente rechazan ciertos tipos de tratamientos médicos por motivos religiosos, sin ofrecer tratamiento alternativo, argumentando que el niño estaría mejor muerto que vivo pero condenado. Los Científicos Cristianos, por contraste, tratan a sus hijos por medio de curación espiritual, un método que tiene una tasa de éxitos notoria impresionante pero muchas fallas sin explicación, así como la medicina mainstream tiene una tasa de éxitos impresionante pero muchas fallas no explicadas; así que las disputas sobre el tratamiento de la Ciencia Cristiana para los niños tiene más que ver con la reivindicación de la profesión médica de un monopolio sancionado por el gobierno en el campo de la salud en el problema de la negligencia infantil y así sucesivamente.

[5] Esto trae a colación el asunto complicado de los contratos de subrogación. Una parte los quiere imponer, la otra prohibirlos. Como lo veo yo, la posición correcta es que el desempeño específico no podría ser ejecutable (porque una madre embarazada no puede alienar derechos de tutela mientras el niño aún está en su cuerpo), pero los daños económicos deberían ser ejecutables.

[6] Al menos una vez lo hizo. En escritos más recientes, sin embargo, desafortunadamente parece haber adoptado la terminología de Sommer.

[7] Okin cita estadísticas que muestran que luego del divorcio, la posición económica del hombre promedio mejora mientras el de la mujer promedio declina. Desde que escribió su libro, el estudio particular en la que ella confió ha sido puesto en descrédito; pero esto solamente muestra que la diferencia post-divorcio es menos extrema de lo que supuso Okin, no que sea insignificante.


Por Roderick Long, artículo original.


(*) En este pasaje se contraponen las perspectivas de Hayek con las de Kirzner, Hayek ve a las instituciones de la sociedad (las leyes, el lenguaje, la moral, etc.) como producto de un orden espontáneo, emergente en forma natural de las relaciones entre individuos. Sin embargo Kirzner ve al individuo emprendedor como un sujeto activo que buscas las fallas en el sistema y gestiona acciones para corregir los errores del mercado, esto es, descubrir necesidades y tratar de ofrecer servicios que las satisfagan.


Nota del traductor:

El término "libertario" se toma en sentido de "liberal libertario", más específicamente aquella rama del liberalismo denominada en inglés "libertarianism".



miércoles, 23 de octubre de 2013

Movimiento por la sexoafirmatividad

Traducción de la entrada Sex-Positive Movement (SPM) en Wikipedia


El SPM es un movimiento social que promueve y abarca una sexualidad abierta con pocos límites más allá del énfasis en la práctica del sexo seguro y la importancia del consenso informado. La sexoafirmatividad es una actitud hacia la sexualidad humana que considera todas las actividades sexuales consensuadas como saludables y placenteras, y fomenta el placer sexual y la experimentación. El SPM es un movimiento social y filosófico que defiende esas actitudes. El SPM defiende la educación sexual y el sexo seguro como parte de su campaña. El movimiento no hace distinciones morales entre tipos de actividades sexuales, considerando esas elecciones como asuntos de preferencia personal.

Los términos y conceptos sexoafirmatividad y sexonegatividad se atribuyen generalmente a Wilhelm Reich. Su hipótesis era que algunas culturas ven la expresión sexual como esencialmente buena y saludable, mientras que otras sociedad toman un punto de vista negativo de la sexualidad en general y buscan reprimir y controlar el deseo sexual. 

Como Reich, algunos defensores contemporáneos de la sexoafirmatividad definen su filosofía contraponiéndola a la sexonegatividad, que identifican como el punto de vista dominante en la cultura occidental y en muchas de las culturas no occidentales. De acuerdo con quienes la defienden, la visión tradicional cristiana de la sexualidad humana define los valores tradicionales occidentales con relación a este tema. Así, quienes proponen la sexoafirmatividad denuncian que bajo la tradición cristiana occidental el sexo es visto como una fuerza destructiva excepto cuando es redimida por la gracia salvadora de la procreación, y el placer sexual es visto como pecaminoso. Los actos sexuales son clasificados jerárquicamente, con la heterosexualidad marital en la cima de la jerarquía y la masturbación, homosexualidad y otras sexualidades que se desvían de las expectativas sociales más cercanas al fondo. Se dice que la medicina y la psiquiatría también han contribuido a la sexonegatividad, puesto que, de vez en cuando, designan como patológicas algunas formas de sexualidad que aparecen en la base de la jerarquía. Sin embargo, las sociedades occidentales anteriores a la influencia cristiana, como la Grecia antigua, han aprobado formas de sexualidad que entran fuertemente en conflicto con las creencias cristianas. 

El SPM no hace distinciones morales o éticas entre sexo heterosexual u homosexual, o masturbación, considerando estas elecciones como cuestiones personales. Algunas posturas sexoafirmativas incluso aceptan el BDSM y el poliamor así como la asexualidad, la transexualidad, el transgénero y otras formas de transgresión de género en general. La mayoría en el SPM defiende una educación sexual amplia y acertada como parte de su campaña. 

Algunos teóricos del SPM han analizado la sexoafirmatividad en términos de intersección de raza/cultura, género, sexualidad, clase, nacionalidad y espiritualidad. Farajaje-Jones (2000) destacó la conexión entre la ideología supremacista y lo que llamó “erotofobia”.

Varias definiciones de sexoafirmatividad han sido ofrecidas por la sexóloga Carol Queen:

Símbolo del "amor fuera de la caja", utilizado para
representar arreglos no convencionales de
relacionamientos.
La sexoafirmatividad, un término que está entrando en la consciencia cultual, no es una celebración estúpida e insulsa del orgón por unos hippies; es una afirmación simple, pero radical, de que cada uno de nosotros desarrollamos nuestras pasiones en diferentes ambientes, que en lugar de tener dos o tres o incluso media docena de orientaciones sexuales, debemos pensar en términos de millones. La sexoafirmatividad respeta cada uno de nuestros perfiles sexuales únicos, incluso aunque reconocemos que algunos hemos sido dañados por una cultura que intenta erradicar la diferencia y las posibilidades sexuales. 

Es la filosofía cultural que entiende la sexualidad como una fuerza potencialmente positiva en nuestra vida, y que puede, por supuesto, enfrentarse a la sexonegatividad, que ve el sexo como problemático, perjudicial, peligroso. La sexoafirmatividad permite, y de hecho celebra, la diversidad sexual, los deseos y las estructuras de relaciones que difieren, y elecciones individuales basadas en el consenso.


Amor libre

El término “amor libre” se ha usado por lo menos desde el siglo XIX para describir un movimiento social que rechaza el matrimonio, que es visto como una especie de atadura social, especialmente para las mujeres. De acuerdo con este concepto, las uniones libres entre personas adultas son relaciones legítimas que deben ser respetadas por todo el mundo, sean relaciones emocionales o sexuales. Adicionalmente, algunos textos sobre el amor libre han argumentado que tanto hombres como mujeres tienen el derecho al placer sexual. En la era victoriana, esto era una noción radical. Más tarde se desarrolló un nuevo tema, vinculando el amor libre con el cambio social radical, y describiéndolo como precursor de la nueva sensibilidad antiautoritaria, antirrepresiva y pacifista.

Mientras que el término amor libre se ha asociado a menudo a la promiscuidad en la imaginación popular, especialmente en referencia a la contracultura de los años 60 y 70, históricamente el movimiento por el amor libre no ha defendido el tener varias parejas sexuales o las relaciones sexuales de corta duración. En su lugar ha argumentado que las relaciones de amor libre en las que se entra de manera libre no deben ser reguladas por la ley. Así, la práctica del amor libre puede incluir relaciones monógamas a largo plazo o incluso celibato, pero no incluiría formas institucionales de poligamia como el rey, sus esposas y concubinas.

Las leyes de interés particular para los movimientos por el amor libre han sido entre otras las que impiden la convivencia de las parejas no casadas, y las que regulan el adulterio y el divorcio, así como la edad legal de consentimiento, control de natalidad, homosexualidad, aborto y prostitución; aunque no todas las personas que defienden el amor libre están de acuerdo en esos temas. La derogación de derechos individuales en el matrimonio también les incumben; por ejemplo, algunas jurisdicciones no reconocen la violación marital o la tratan menos seriamente que la violación no-marital. 

Los movimientos por el amor libre desde el siglo XIX han defendido el derechos a discutir públicamente sobre sexo y han luchado contra leyes contra la obscenidad. Una de las precursoras de éste movimiento fue Emma Goldman. Ella defendió apasionadamente los derechos de la mujer, escribiendo: "Demando la independencia de la mujer, su derecho a mantenerse a sí misma, de vivir para sí misma, de amar a quien quiera que le plazca o a tantos como le plazca. Demando libertad para ambos sexos, libertad de acción, libertad de amar y libertad en la maternidad." 

En el siglo XX alguna personas dentro del amor libre han extendido la crítica al matrimonio diciendo que el matrimonio como institución social promueve la posesividad emocional y la esclavitud psicológica.


La década de los 60 y años posteriores.

Generalmente el término “liberación sexual” se usa para describir el movimiento socio-político, observado desde los años 60 hasta los 70. Sin embargo, el término ha sido usado al menos desde finales de los años 20 y a menudo se considera que está influido por los escritos de Freud sobre liberación sexual y asuntos psicosexuales. 

Durante los años 60 se empezaron a dar cambios en la manera en que la sociedad veía la sexualidad, anunciando un período de descondicionamiento en algunos círculos de las antecedentes del mundo anterior, y de desarrollo de nuevos códigos de conducta sexual, muchos de los cuales se encuentran ahora integrados dentro de la mayoría de la sociedad. 

Los años 60 anunciaron una nueva cultura de amor libre con millones de jóvenes apropiándose de los valores hippies y predicando el poder del amor y la belleza del sexo como una parte natural de la vida cotidiana. Los hippies creían que el sexo era un fenómeno biológico natural que no debía ser denegado ni reprimido. Los cambios en las actitudes reflejaban la percepción de que los puntos de vista tradicionales respecto al sexo eran tanto hipócritas como machistas. 

La liberalización sexual anunció unos nuevos valores en la experimentación con el sexo de manera abierta dentro y fuera del matrimonio, los anticonceptivos, la desnudez en público, liberación gay, liberación del aborto, matrimonio interracial, vuelta al parto natural, derechos de las mujeres y feminismo. 

Los hippies célibes no criticaban a quienes elegían el camino del “amor libre” y la “liberalización sexual”. A finales de los 70 y 80 las nuevas libertades sexuales fueron explotadas por grandes empresas que buscaban sacar partido de una sociedad más abierta, con la llegada de la pornografía y el porno duro. 

El historiador David Allyn argumenta que la revolución sexual fue un momento de “salir del closet” sobre el sexo premarital, la masturbación, las fantasías eróticas, el uso de pornografía y la sexualidad.


Feminismo sexoafirmativo. 

El feminismo sexoafirmativo, también conocido como feminismo pro-sexo, feminismo de sexo radical o feminismo sexualmente liberal es un movimiento que empezó a principios de los años 80. Algunas mujeres se vieron involucradas en el feminismo sexoafirmativo en respuesta a los esfuerzos feministas anti-pornografía, como Catharine MacKinnon, Andrea Dworkin, Robin Morgan y Dorchen Leidholdt, para poner la pornografía en el centro de la explicación feminista del opresión de la mujer (McElroy, 1995). Este período de debate intenso y enconado entre feministas sexoafirmativas y feministas anti-pornografía durante los primeros años 80 se conoce como las guerras feministas por el sexo. Otras feministas sexoafirmativas se involucraron no en oposición a otras feministas sino como respuesta directa a lo que veían como control patriarcal de la sexualidad. Las autoras que han defendido el feminismo sexoafirmativo incluye a Ellen Willis, Susie Bright, Patrick Califia, Gayle Rubin, Carol Queen, Avedon Carol, Tristan Taormino, Diana Cage, Nina Hartley y Betty Dodson, que podría ser considerada la abuela del movimiento.


Traducción de Selenio Escrito.
El artículo original puede leerse en la entrada de Wikipedia en inglés.

viernes, 18 de octubre de 2013

Amor al cuadrado: entregando mi corazón a dos hombres

No creo que el césped sea más verde del otro lado.

Cuando tenia 18 años, un amigo me pregunto si pensaba que podría amar a dos personas a la vez. Entonces, tan joven y sin experiencia, yo respondí con un muy rápido e inflexible NO.

Claro que sí.

Casi 30 años después, no estoy tan segura de que respondería de la misma manera. He aprendido algunas cosas desde entonces. Sí, las cosas se han ido derrumbando, cosas que pensé que nunca me pasarían, cosas que consideré irresponsables o signos de debilidad, cosas que ahora sé y que son mucho más comunes de lo que nunca imaginé.

Amor, lujuria, instantánea atracción animal –como sea que quieras llamarlo- a veces aparecen en los momentos mas inoportunos. Cuando te llega, te enteras. La experiencia es innegable. Es como si te hundieras lentamente en un baño caliente, o como volar a través del universo o sentir que explotan fuegos artificiales dentro de tu vientre.

Es como la magia.

Te encuentras con esa persona especial, y es déjà vu. Sientes como si la has conocido desde siempre. Lo que deseas es tocarla, hablar con ella y estar cerca de ella. Nunca es suficiente. Es exactamente lo que sentí cuando conocí a mi marido.

Pero aquí viene lo bueno, a veces este tipo de cosas sucede más de una vez en la vida.

¿Como lo sé? Fácil, me pasó a mi.

Casi 15 años exactamente del día que di mi votos matrimoniales, de la nada, experimenté esa cosa de amor / lujuria de nuevo, sólo que esta vez fue con un hombre diferente y yo todavía estaba casada.

Por extraño que parezca, yo estaba muy contenta con mi marido. Claro, habíamos tenido nuestros altibajos hasta ese punto. Habíamos estado juntos mucho tiempo, así que era de esperar. Pero conocen el viejo dicho: me casé, no morí. Yo también era un ser humano-social y sexual, y estuve tentada, muy tentada

Mi relación con este otro hombre era fuerte, inmediata y dichosamente arrolladora. Era todo lo que quería, todo lo que podía pensar. Me elevó, pero me puso en una situación difícil. Durante mucho tiempo después, toda esta situación situación me generó un complejo.

Me preocupaba que hubiera algo terriblemente mal en mí. Yo no encajaba con las normas de la sociedad.

Claro, yo amaba a mi marido, pero yo quería desesperadamente estar con este otro hombre.


Pensé que me convertí en una de esas personas que nunca podrían sentirse satisfechas, el tipo de persona que siempre anda en búsqueda - adicta al amor, posiblemente al sexo. Me vi a mí misma como estrella de algún espectáculo barato de televisión.

Por unos pocos años, perdí mucho de sueño.

Contemplaba el engaño, pero en el fondo, sabía que no podría. Soy una terrible mentirosa, y me hubiese carcomido desde adentro. Terminaría inevitablemente destripada de cualquier forma.

Existía la alternativa de olvidarme de este hombre, y volver a mi antigua vida, mi vida antes de conocerlo. Pero si alguna vez has estado enamorado, sabes cuán imposible sería algo así, especialmente partiendo del hecho de que él seguía dando vueltas por allí. O sea, no se fue del país o algo así. Sabía dónde encontrarlo.

¿Entonces qué hice? Hice lo que hago sobre todo aquello que me causa aflicción.

Se lo dije a mi marido.

Él es mi mejor amigo después de todo. Siempre hemos sido honestos entre nosotros, pero esto fue llevarlo a un nivel completamente nuevo. Una cosa es decir que piensas que Brad Pitt es lindo y otra muy distinta es decirle a tu pareja que desea tener relaciones sexuales - o sea, seriamente tener sexo - con otro hombre.

¿Qué iba a decir? ¿Cómo reaccionaría? ¿Me pediría el divorcio? Por suerte, no me odió después de eso. Y así fue: Mi idea sobre almas gemelas había cambiado dramáticamente. ¿Puedes decir "dos por uno?"

En los últimos años, justo al tiempo de mi propio despertar emocional / sexual, me he dado cuenta de que ha habido una clara tendencia en la sociedad a aceptar las propias tendencias no-monógamas. El tema está presente en todo los medios de comunicación, y lo he estado observando, tratando de averiguar cosas.

Shows como PolyamoryBig Love y Sister Wives son solo unos ejemplos. También películas como la de Sarah Polley, Take This Waltz cuya trama imita mi dilema casi exactamente.

Obviamente, los medios de comunicación reflejan el pensamiento de la sociedad en general. Se debe en cierto punto, a que alguien ha estado pensando en estas cosas. Personalmente, creo que la gente está cansada de esconder sus verdaderos sentimientos cuando se trata de este tema. Sólo quieren ser ellos mismos. Quieren ser libres. Y no me refiero a libertad de ir a dormir con quien les plazca, me refiero a la libertad de pensar y decir lo que sienten realmente.

Según Christopher Ryan, psicólogo, profesor y co-autor de Sex at Dawn: the prehistoric origins of modern sexuality, "pocos terapeutas contemplarían la situación, tratando de persuadir a un hombre gay o una mujer a 'crecer, ser realistas, y dejar de ser gay. "Pero la mayoría insisten en que la monogamia sexual a largo plazo es" normal', mientras que la curiosidad y la búsqueda de novedad inherente a la sexualidad humana son signos de la patología".

Podemos decir lo que sea que nos guste sobre lo que es normal y anormal, pero la verdad se revela en nuestros actos.

La mayoría - aunque puedan ponerse en pareja por un tiempo - no necesariamente se pone en pareja de forma exclusiva por toda la vida. Simplemente no sucede así, y creo que necesitamos enfrentar este hecho frontalmente. 

Para mí, esto significa aceptar mis pensamientos y deseos. Lo que no significa que creo que está bien salir y dormir por ahí sin pensar o preocuparme por las otras personas en mi vida. Me imagino que si actúo por respeto y amor a mi pareja y a mi familia, entonces no hay forma de hacerlo mal. Eso es lo que trato de tener en cuenta en cada decisión que tomo, sea que se trata de romance y relacionado al sexo o no.

En estos días, trato de no fingir ser alguien que no soy. Solo trato de ser honesta. Sí, a veces los celos pueden desordenar un poco las cosas un poco, pero mi marido y yo hemos conseguido manejarlo. No restriego mis pensamientos y sentimientos en su cara. Solamente, no miento.

Además, todo lo que es cierto para mí, es cierto para él también. Esto debería ser obvio - lo que es bueno para la oca es bueno para el ganso. Por otra parte, no creo que el césped sea más verde al otro lado.

El césped no va a ser más verde, va a ser el mismo. Puede parecer más verde al principio, pero no tomaría mucho tiempo antes de empezar a ver algunas malas hierbas. Las personas realmente no son tan diferentes.

Es cierto que hay algunas excepciones, pero es mi opinión general de que las relaciones son lo que haces de ellas. El césped es más verde cuando lo riegas. Y regué la mía. Pero a veces, sólo a veces, me gustaría ir de paseo por el campo (guiño).

A través de toda esta introspección, he llegado a la conclusión de que no hay absolutamente nada de malo en mí. He conocido a tantas personas que han experimentado el mismo tipo de dilema que sería imposible que estos sentimientos "errantes" míos me conviertan en una mala persona. Todos seríamos malas personas si ese fuera el caso, y eso no tendría sentido.

Pero a lo que realmente se reduce todo es a la acción ¿cierto? ¿Cómo puedo manejar esta situación? ¿Qué debo hacer?

Bueno, ahí es donde estoy parcialmente perpleja. Sí, trato de actuar con amor y bondad hacia las personas más cercanas a mí, pero eso no hace que "el hombre número dos" desaparezca.

Desde que lo conocí, sin embargo, he estado ocupada. Tengo una vida, y tengo prioridades, a saber mis hijos, mi esposo, mi familia y mi propio sentido de bienestar. Todo eso es lo primero.

Supongo que la respuesta corta es que no he hecho nada todavía. Día a día, casi no tengo tiempo para sentarme a tomar una taza de té.

Tal vez dentro de unos años a partir de ahora, cuando los niños crezcan, las cosas sean diferentes. Tal vez no.

Pase lo que pase, sin embargo, yo amaré a mi esposo, y siempre será una parte principal de mi vida.

Lamentablemente, no hay respuestas definitivas, no hay blanco ni negro. Si se siente bien, en el momento adecuado, en el lugar adecuado, si todas las luces son verdes, entonces tal vez me permita mis pasiones. Si no cambian, entonces no lo haré. Hasta el momento no sucede.

¿Todavía pienso en el hombre número dos? Por supuesto. ¿Me gustaría verlo? Diablos, sí. ¿Lo hago? No. Una persona no puede tener todo lo que quiere. Me gustaría ir de compras por $10,000 a la ciudad de Nueva York también, pero eso no va a suceder pronto tampoco.


Tengo dos, casi tres hijos en la universidad. La matrícula es una locura en estos días. A veces tienes que esperar que sucedan las cosas. Y a veces, nunca conseguirás lo que quieres. Pero puedes soñar. Y no hay nada malo en ello.


Precioso artículo de Amanda Fox cuyo original en inglés puede leerse aquí, agradezco la traducción a Marimar.


sábado, 12 de octubre de 2013

Un llamado a las madres: amarse a una misma primero, los niños en segundo lugar.

"¿Cuál es el punto de comprar arroz, si no puedes cocinarlo apropiadamente?" - Jiro

Compré el arroz, el arroz de la maternidad, pero durante algunos pocos años no estuve cocinándolo apropiadamente. Estaba alimentando a mis hijos con grano crudo y vencido. Estaba haciendo morir de hambre a sus espíritus.

No comprendí que soy el sustento de sus corazones. Soy el arroz y soy responsable por cocinarme a mí misma apropiadamente.

Una cazuela perfecta de arroz es un producto de su preparación - consciente y completa atención al proceso, a los ingredientes, a la temperatura, al tiempo y a la consistencia. Con cada tanda, un buen cocinero sabe cuándo el arroz ha llegado a su consistencia correcta.

Para ser una buena madre, necesito saber quién soy (la cocinera) y cuál es mi propósito en esta vida (el arroz cocido).

-

Poco después del nacimiento de mi segunda hija, decidí no pasar más hambre, ni lo pasarían mis hijos.

Cambié mi método de ser madre completamente, y reescribí mi definición de maternidad.

Solía pensar que la maternidad y el martirio eran sinónimos. Cuando una mujer daba a luz a un niño, se convertía a la Religión de la Madre - sacrificándose, muriendo su esencia con la placenta y el postparto.

Pensé que una madre se definía como una mujer que era esclava de su hogar, de sus hijos y de su marido. Ignorando sus necesidades y sueños para apoyar a la gente que más amaba.

Pensé que ser una madre significaba amar a alguien más de lo que me amaba a mí misma.

Me comí este mito -"la cazuela perfecta de la maternidad", y casi me mató.

Sobreviví porque aprendí que debo amarme a mí misma más que a cualquiera antes de poder amar a cualquier otra persona.

Este es el camino al amor sin condiciones, al amor verdadero. Sólo soy capaz de amar a otro tanto como me amo a mí misma.

A pesar de mi desnurición, sabía que mis hijos merecían amor verdadero. Dándome cuenta de esto, me convertí en una buena madre.

Mis dos definiciones favoritas de Madre son:

1. Madre: Dar lugar
2. Madre: Alguien que tiene verdadero conocimiento, un medidor.

Les dí lugar a través de mi cuerpo. Su bien estar está medido por el conocimiento que les imparto a través de su atestiguamiento directo de mis acciones y experiencias.

Si no estoy comprometida a cultivarme a mí misma y convertirlo en sabiduría, entonces ¿qué tendría para alimentarles?

¿Hay algo para ellos que deba ser medido, si no estoy creciendo en mi autoconciencia y comprensión?

Estoy fallándoles como madre, su medidora, si me enfoco solamente en ellos renunciando a todo, negando mis sueños e ignorando mi propósito.

Soy una madre. Soy una guía. Mi trabajo como madre es enseñar a mis hijos a través del ejemplo.

No lo sabía entonces, pero dí a luz a mis hijos para ayudar a reparar al mundo.

Dí nacimiento a la esperanza encarnada en dos personas, que tienen algo sagrado para ofrecer al mundo - ellos mismos. Siendo ellos mismos, ayudarán a sanar al mundo.

Esta parece ser una pesada carga. "Mi mamá me tuvo para ayudar a salvar al mundo".

A eso, respondo. "Es para eso que estamos aquí, algunos de nosotros simplemente no hemos aceptado nuestra misión, aún. Todos estamos aquí para salvar al mundo, amándonos a nosotros mismos completamente y abrazando nuestro destino."

Recientemente fui un retiro a Bali. Una tarde, visitamos un templo cerca del océano.

Nuestro líder nos guió hasta la orilla, donde agua santa de manantial de las montañas se vertía directamente al océano. Cada día los sacerdotes de la villa visitan esta piscina sagrada para juntar el agua santa para sus rituales diarios.

Mientras estábamos aquí, un sacerdote envuelto completamente de blanco desde la cabeza a los pies se aproximó a la entrada. Se arrodilló con una sonrisa en su cara y sumergió su taza de lata en el líquido fresco y salado. 

Nuestro guía me susurró al oído, "¿Sabías que estos hombres son llamados por los dioses (en sueños) para aceptar su destino de ser sacerdote? Cuando una persona es llamada por los dioses ellos deben aceptar. Si no lo hacen e ignoran la llamada, se enfermarán y morirán. Este hombre, arrodillado frente a nosotros, recibió la llamada de adolescente y la ignoró. En vez de ello, decidió convertirse en banquero para ayudar a su familia. Se enfermó muy gravemente, estaba en su lecho de muerte. Fue entonces que tomó la decisión de hacerse sacerdote. Aquí está ahora, ante nosotros, sano. Es un gran líder."

Esta también es mi historia. Me estaba forzando en un rol que me estaba enfermando, estaba negando mi llamada, ignorándola para ser todo para todos. Terminé siendo nada para nadie. Y luego, atendí. Supe que si no escuchaba mi corazón y compartía mis dones, moriría.

Solía sentirme culpable por no firmar para ser madre asistente en la clase de mi hija, o presentarme como candidata para la comisión de padres, me sentía avergonzada de que mis niñas no estuvieran en un par de actividades extracurriculares a la semana. Estaba decepcionada de mí misma, por las noches que tiré una bolsa de pasta congelada y brócoli en el microondas y lo llamé cena. 

Pensé que había algo malo conmigo porque estaba aburrida y no tenía interés en los grupos de mamás, discutiendo lo último en calzas para yoga o quejándome por las marcas de estiramiento en mis caderas.

Ya no me siento culpable porque no tengo tiempo.

Soy una madre. Tengo una enorme responsabilidad de vivir mi propósito y permanecer devota a mi misión en la vida.

Mi misión es aprender tanto como pueda, enseñar tanto como pueda, escribir tanto como pueda, viajar tanto como pueda y cuando busco a mis niñas de la escuela, les muestro amor, haciendo lo que amo.

A veces la cena es pasta quemada de freezer porque estoy inmersa en mis estudios y escribo un poco más tarde de lo que planeé mientras mis niños corren alrededor mío jugando al unicornio y a la princesa. Reímos, jugamos, nos abrazamos, compartimos en compañía del otro. Este es un regalo, el regalo de vivir plenamente, haciendo lo que amamos, individualmente y juntos.

Ser una buena madre es saber quién soy, no pedir disculpas por eso, hacerlo con cada latido de mi corazón y ser el estándar y modelo por el cual mis niños miden su propio camino a la conciencia.

Cuanto más me amo y hago honor de mis necesidades y deseos, tanto más mis niñas harán lo mismo.

Me alimento primero yo - espiritual, emocional, mental y físicamente - porque si no lo hago, no tendré nada que dar a mis hijas.

No soy una mártir - eso es para los que están muertos.

Espero vivir una vida larga, para poder guiar, amar y apoyar a mis hijos.

Hay días en que la voz del martirio ebullirá: "Estás fallando. Sos una idiota egocéntrica, dejando a tus niños para ir a estudiar, enseñar, viajar, escribir. Elegiste ser una madre, debes honrar ese trabajo. Esta es la responsabilidad que se te ha dado, no te eches atrás. Tu vida está en segundo plano. Tus hijas son todo lo que importa ahora. Las vas a destruir si te enfocas en vos misma. Sé una madre real, una buena madre."

Ya no me ahogo en esa voz, porque "el medidor, el único con verdadero conocimiento" me recuerda continuar enseñando a las niñas a revolver su arroz con consciencia plena y comerlo primero, así siempre podrán tener la fortaleza para amarse a ellas mismas completamente.

Un día, si eligen tener hijos, espero que les transfieran un pequeño consejo de su madre.

"Cuando me amo primero a mí mismo, siempre voy a cocinar apropiadamente el arroz, y allí podré alimentar al mundo entero."

- Rebecca Lammersen


Artículo original.

domingo, 6 de octubre de 2013

Abrirse al placer

"El placer es el objeto, deber y el objetivo de todas las criaturas racionales."
Voltaire


La forma en que experimentamos el placer es la manera en que le decimos sí a la vida.

Permitirse a uno mismo la gratificación de nuestros sentidos es la manera en que encarnamos las alegrías de la vida. Piense en los sabores deliciosos, las primeras fragancias de las tardes de verano, los cachetes suaves de un niño que duerme, la repetición de una canción querida. Nuestra capacidad humana de sentir el mundo pone la vida de relieve y disminuye la distracción que a veces desvirtúa la relación en tiempo y espacio. Abrirse al placer puede ser tan simple como enfocar nuestra atención en lo que estamos sintiendo en el momento presente.

Aplicar este principio simple del placer a nuestro yo erótico es un notable bálsamo curativo para mucha de nuestra ansiedad y disfunciones derivadas. Uno de los principios fundamentales de mi viaje amorológico, era la máxima de confiar tus impulsos eróticos a tu innata capacidad sensorial. Nuestro sentido del gusto es literalmente la primera entrada en nuestros cerebros que enciende nuestro mecanismo de excitación. El tacto nos cura asentando una mano en una pelvis y el sentimiento de un muslo aceitado deslizándose bajo la caricia de un amante que nunca falla en quitarte el aliento.

Mahatma Gandhi escribió: "Dar placer a un sólo corazón con un acto sencillo es mejor que mil cabezas inclinadas en oración".

Superar nuestra resistencia al placer físico e incluso íntimo es de hecho un profundo despertar espiritual. La experiencia de satisfacernos a nosotros mismos, y confiar que podemos ser contenidos, nos abre a aprender a recibir. Esta práctica de recibir el placer sensorial es una entrada al sentimiento de gratitud, tal vez el camino más sublime a dejar que las cosas sean como son.

No podés experimentar placer cuando estás constantemente distraído por los fastidiosos hábitos del descontento y luego creer que tus necesidades y deseos no pueden cumplirse en la vida. Breves momentos de alegría llevan al reconocimiento de los pequeños placeres alrededor nuestro. Nos esperan a ser testigos.

El mismo principio se mantiene verdadero en nuestro más íntimo mundo sensorial. Haciendo honor a nuestro yo erótico complaciendo nuestras curiosidades acerca del autoplacer es una práctica que merece emprenderse. No sólo la exploración ofrece las agradecidas recompensas de entender y poseer nuestra propia capacidad orgásmica, sino también ofrece la experiencia crítica de dejar ir que toda pasión emparejada demanda.

No es novedad que la masturbación, el acto sexual más común en el planeta, esté considerado como un cimiento para la mayoría de los terapeutas sexuales. Construir conocimiento y confianza en el autoplacer provee coraje a compartir estos detalles íntimos con nuestra pareja. Aceptar la total responsabilidad de nuestra propia naturaleza sexual es el regalo que se entrega a las relaciones sexuales saludables.

Ofrecernos a nosotros mismos a alguien que amamos es la extravagancia sensorial que llamamos sexo, es un placer tierno y gratificante disponible para nosotros en este mundo. El placer compartido es el pegamento que adhiere a las parejas, y encarna felicidad como ninguna otra cosa. Abrirse a la maravilla del placer orgásmico es un sistema de reinicio dentro de nuestros propios cuerpos que luego es guardado dentro de nuestra relación. Es increíble cuán bien nuestro mecanismo de placer responde a nuestra habilidad de rendirnos a eso.

Cuando abandonamos nuestra necesidad de controlar el resultado, y permitir momentos de vulnerabilidad, experimentamos cuán impredecible y curativo el toque humano puede llegar a ser. Recibir amor físico en la relación es una verdadera inversión, que no solamente cambia el ciclo de dar y recibir en la relación, sino permite que el placer circule dentro de ella y nos transforme.


Artículo original de Wendy Strgar.

sábado, 28 de septiembre de 2013

5 maneras de lograr intimidad que no tienen que ver con sexo

Relaciones e intimidad han estado con fuerza en mis pensamientos recientemente.

Tal vez sea el calor o el hecho de que el verano parece ser el inicio y fin de muchas relaciones, pero ha sido un tópico de mucha conversación entre mis amigos y yo.

Una de las cosas que han surgido es la dificultad de alcanzar verdadera intimidad con otras personas. Mientras muchos inmediatamente piensan en sexo cuando escuchan la palabra intimidad, yo a veces creo que el sexo es una barrera para alcanzarla.

No debería ser así.

Idealmente, el sexo debería acercar más a dos personas pero a veces el tiempo hace lo contrario. Me viene a la memoria el tema de Rilo Kiley "Portions for Foxes": Y la charla lleva a tocarnos/Y tocarnos lleva al sexo/Y entonces no existe misterio que quede.

Tristemente, es muy común que suceda especialmente cuando el sexo surge muy temprano en una relación. Aceptado, todavía es asunto de debate cuándo es el momento correcto para tener sexo en una relación. Tiendo a creer que varía grandemente de pareja a pareja y depende mucho de la situación. Sin embargo, existen algunas sugerencias sobre conseguir intimidad con un compañero que no implican tener sexo y pueden ser usadas por cualquier pareja, tenga sexo o no.

Aquí están:

1. Cocinen juntos.

Todos han escuchado la expresión de que el camino al corazón de un hombre es a través de su estómago. Hay mucho de verdad en eso. La comida puede ser una gran forma de llegar al corazón de un hombre o de una mujer. Mucho tiene que ver la preparación de la comida. Incluso si sólo se trata de preparar un sandwich, la preparación de la comida es un arte y un ritual. Invitar a alguien a compartir en ello es intimar. La clase de comida que gusta puede ser muy reveladora también. Por ejemplo, una vez salí con un hombre que nunca seguía recetas y amaba improvisar. Probablemente no era coincidencia que fuera así en otras áreas de su vida también.

2. Fotografíense uno al otro. 

Usar la fotografía para acercarse uno al otro no tiene que significar fotografía erótica o poner en escena una elaborada sesión fotográfica. Sólo usando una cámara simple, o incluso un teléfono celular para fotografiar a tu ser querido, hacer algo muy normal puede ser una actividad muy divertida e íntima. Mirar a alguien a través de una lente o una pantalla es distinto de mirarlo a ojo desnudo. Pensé que no tenía sentido la primera vez que oí sobre ello, pero es posible intuir lo que el fotógrafo piensa acerca de su sujeto por cómo lo fotografía. Lo acepto, algunas personas odian ser fotografiadas y se sienten iluminados por un reflector tan pronto como alguien apunta con una cámara, pero muchos lo toman como una oportunidad para payasear o jugar a ser otra persona. Podés aprender mucho sobre alguien por cómo actúa frente a la cámara.

3. Pasear y hablar.

Siempre me siento más conectada y abierta cuando estoy caminando y hablando versus hacer solamente lo último. Encuentro que es mucho más fácil revelar información personal e íntima acerca de mí misma cuando estoy en movimiento que cuando estoy quieta. Tal vez es sicológico porque se siente como que puedo salir corriendo si las cosas salen mal. No sé. En cualquier caso, algunas de las más profundas y reveladoras conversaciones que tuve con amigos y amantes ocurrieron cuando caminaba con ellos.

4. Mirar una película sexy juntos.

Una película "sexy" no tiene que ser una película clasificada ni mucho menos. Una de mis películas "top sexies" de todos los tiempos es la poco vista Posesión que no tiene desnudez alguna y presenta a dos personajes principales que se enamoran a través de un intercambio epistolar.

Efectivamente, si es muy pronto en una relación y querés suspender el tema del sexo por un momento, probablemente es una buena idea saltarse las películas que tengan mucha piel y escenas explícitas de sexo.

Lo sexy significa diferentes cosas para distintas personas, así que es importante pensar acerca de las cosas que encontrás sexies antes que sea lo que los medios dicen, aún cuando muchos sitios de entretenimiento tienen buenas sugerencias si estás en un rompimiento. (Por cierto, si estás buscando una manera de unir los puntos 1 y 4, entonces altamente recomiendo Como agua para chocolate. Es una de las pocas adaptaciones de película que es tan buena como la novela).

5. Compartan sus listas musicales para discutir sus álbumes favoritos.

... y por qué no, agregar danza..
Esto suena un poco geek, y lo es, pero así como la comida que uno prefiere, el gusto musical de una persona a veces habla volúmenes acerca de ella. A veces también existen historias que acompañan a un álbum favorito o música. Por ejemplo, ¿amás cierta canción porque estaba en la banda sonora de tu película favorita en la secundaria? ¿Escuchar el "Nevermind" de Nirvana te recuerda a tu ser querido aquel verano que pasó en el extranjero poco después de graduarse en la universidad? Las historias detrás de canciones favoritas son a veces entradas a conversaciones y revelaciones más profundas.

Por último, no importa cómo la alcances, recordá que la intimidad es un proceso continuo.

Probablemente sea imposible conocer completamente a una persona o compartirte completamente para eso con otra persona, pero la intimidad es una parte importante de cualquier relación verdadera. Puede ser muy asustador ir a esos lugares, pero no tiene que serlo. Como ilustran estos tips, incluso puede ser divertido e interesante intimar con otra persona.


Por Kimberly Lo

Flotante