miércoles, 27 de febrero de 2013

Mucho amor para dar

Sin pensar en dogmas y modelos convencionales de relacionamiento, hay un grupo cada vez mayor de personas interesadas en aceptar un modelo de amor más amplio. Amigos, amantes, novios... son palabras que no van a definir a un grupo de personas que, simplemente, se ama. Pasamos un fin de semana con Bela, Renata, Marcela, Anne, Alfredo, Fran y Luiz para mostrar qué cara tiene el Amor Revolución - una causa, un modo de vida, que, para ellos, no tiene vuelta atrás.

Podría ser un romance más en la vida de Luiz. Fugaz, etílica... normal. Pero aquella noche, hace cinco meses, una cena nada previsible hechizó al joven mexicano radicado en Sao Paulo. Un grupo de personas se fundía en una masa compacta, fluida, vaga. Difícil contar cuántos había en el grupo, de tantas piernas y brazos entrelazados. Ojos cerrados, cuerpos deslizándose unos sobre otros - jovencitas, muchachos... personas. Era una farra hedonista, un pequeño enredo, ¿una invitación al puterío? Luis sintió que no. "Me conmovió. Tenía una pureza de cariño, una energía muy linda", cuenta él y confiesa, "mucho quise entrar allí, pero no sabía si podía sobrellevarlo." Sólo necesitó llegar cerca. Bela, una de las damas encajadas en el grupo, estiró a Luiz hacia el meollo. Y nunca más salió.

"Siempre me consideré un especialista en abrazos", elabora tendido, mientras recibe caricias de dos chicas, "pero en Brasil las personas son muy cerradas. Y yo estaba cayendo en eso. Lo mejor fue conocer a estas personas. Hoy me asumo como soy. Que se joda todo lo que los otros lleguen a pensar." Suena extraño, inclusive, escuchar una autoafirmación tan decidida. Después de todo Luiz no es gay, no es bi, no está en busca de quilombo ni se preocupa con el rótulo (o la fama) de hétero. Y es exactamente eso lo que el proclama asumir: le gusta el cariño.

Él es, en el fondo, todo el mundo. Pero es raro encontrar a quien "salga del armario" como ese grupo. Estamos entre siete, bien acomodados en una pequeña cocina del edificio Copan, en el centro de Sao Paulo. Es la casa de Alfredo Toné, o Alfreedom, como suele firmar por ahí, e Issabela Alzira, Bela, su... ¿novia? No importa, en el fondo. Antes de cualquier liberación sexual, es de los conceptos y ataduras lingüísticas que ellos buscan independencia. Y fue en torno de la "pareja" que los demás en aquella sala gravitaran para conocerse. O mejor, en torno de las performances que los dos promueven en fiestas y los cursos de contacto e improvisación ofrecidos por ellos en la Casa Jaya - espacio ecocultural en la Vila Madalena.

Por caminos diferentes, Bela, Alfreedom, Marcelo, Luiz, Renata, Anne y Fran - el grupo fotografiado aquí - acabaron dentro de aquella turba sensorial, apropiadamente bautizada por ellos como amoreba - la ameba de amor. "Para mucha gente es difícil de entender que esto no es un cogedero", dice Alfredo, pero la frase podría salir de la boca de cualquiera allí. "Parece una orgía. Pero nosotros tenemos un enlace colectivo, de amor. Y eso es lo más importante. Claro que en medio de una amoreba se van formando situaciones más sexuales, más tensión aquí o allí. Pero no existe agitación. Es todo muy natural."

La amoreba "extendida", por así decirlo, es mucho mayor que los siete citados aquí. Es una red de amigos, personas que se conectaron en festivales, fiestas, aulas, viajes. "¡Unos 300!", dispara Bela, sin el menor criterio estadístico. Personas, presentes en mayor o menor grado, que compartieron no sólo una danza colectiva pegadita, sino experiencias de amor, desnudez y sexo que las liberaron como nunca. Celos, patrones estéticos y la propia idea de amor romántico, exclusivo, son inevitablemente colocados en jaque. Y la medida final para que alguien asuma su papel en ese difuso y bien conectado cuerpo colectivo es simple: la felicidad que tal entrega, tal desapego, genera. Marcela, estudiante de psicología, descubrió al grupo hace unos pocos meses. Pero ya tiene articulado un pensamiento claro, bien simple, sobre lo que el grupo representa en su vida.

"La primera vez que me desnudé para entrar en una cascada, yo vacilaba. Reparaba en el cuerpo de los otros, pensaba en mi cuerpo. Mas después percibí que esto que pensaba era todo mío. Que los otros no me estaban observando así", y concluye, sucinta: "Cuando estás sin ropa, te preguntás quién sos de verdad". Alfreedom completa: "En general las personas solo se desnudan para tomarse un baño o coger. Y existe gente que piensa que pensar que la desnudez es normal es cosa de locos..."

Pero la simple desnudez es sólo un paso en este camino sin transitar del amor dividido. Desafíos y recompensas mayores están en aceptar que es posible amar a muchas personas, intimar sin secretos ni mentiras. "La gente vive presa en una idea romántica, posesiva del amor. Descubrí que el amor no puede ser idealizado. Pero puede ser un ideal. Es bien diferente", define Marcela desde lo alto de sus ya sabios 20 años. Un ideal se oculta también entre las infinitas posibilidades y sutilezas de sensaciones que existen en una caricia y en un encuentro sexual. Y también, está claro, en soltarse de las restrictas definiciones de hétero, homo, bisexualidad. De nuevo, Alfreedom: "¿Puedo estar caliente por un tipo, si lo encuentro apasionante? Claro. ¿Pero yo soy bisexual y gusto mucho más de la mujer? ¿Y por qué es necesario responder esa pregunta? El amor es una entidad mucho mayor que todo eso".

Aún así, queda claro, incluso como breve testimonio, que se cierne sobre todos una sensualidad, una libido, esencialmente femenina. Son ellas las que dan el ritmo, que tocan a todos y a todas con más tranquilidad, que no se ahorran piquitos y caricias. Que asumen el típico ímpetu, lo negro en el blanco, de la sexualidad del macho. Y acarician al presente reportero mientras escucha los relatos y los diversos motivos por los cuales ellas, y ellos, aceptaron la invitación de la revista Trip para pasar un fin de semana en un lugar cerca de Sao Paulo.

"Nunca hice fotos, pero creo que esto que nosotros tenemos es algo importante de comunicar. No puede ser secreto", cuenta Renata. Ella, como todos, reconoce una triste, alienante dureza en la vida "convencional" de la ciudad. Un reinado fallido del ego, que encapsula y aísla a las personas y transforma su obstinada lucha por la naturalidad en algo bizarro. "En Sao Paulo el primer acto de rebeldía es llevar colores. ¡Cuando llevo un girasol por la carretera, las personas me miran como si yo fuese Falcao!"* Y los girasoles son comunes en la vida de la joven. Masajista de profesión, y jardinera terrorista con causa, quiere gastar su tiempo poniendo plantines sin pedir autorización por la ciudad. Es de ella también una simple definición del tipo de amor que permea a la "familia" (como todos, en algún momento, se llaman a sí mismos): "Aquí todo el mundo es madre y todo el mundo es cachorro".

Cachorros, o madres, en algún momento u otro Alfreedom y Bela asumen la palabra como líderes de la jauría. Son los más presentes en la Casa Jaya, donde suceden los cursos de contacto e improvisación. Y buscan, como artistas, actores que son, razones e implicancias metafísicas, políticas, para el amor revolución - el movimiento sin dogmas que está en silenciosa expansión. Un camino sin vuelta, creen, "un ajuste de los tiempos", según la buena conclusión de Bela sobre lo que está por dentro de la amoreba. Un atraso cultural. Una solución para un paradigma fallido de amor, casamiento y monogamia. Un deseo de creación colectiva, de transformación social y espiritual, que se arrastra hace generaciones y que ganó una estética más clara y exhuberante con el movimiento hippie. Más que hoy, en un mundo aún más complejo y dinámico, no cabe más en el iniciado apodo. Es esa falta de cercos conceptuales lo que deja todo más difícil a la hora de buscar una síntesis.

Anne, periodista, muy atenta, menos habladora, pide la palabra: "Para mí no necesitas quedarte parado, analizando tanto las cosas. Si yo quiero hacer el amor, lo hago. Si quiero coger, cojo. El motivo que me hizo hacer las fotos, y estar aquí, hablando contigo, es simple. Todo el mundo se desnuda. Todo el mundo tiene sexo. A todo el mundo le gusta. Estoy cansada de hipocresía", se desahoga con una sonrisa. "Es mi lucha contra el preconcepto." Alfredo ríe como un sátiro. Calmado por el vino que fluye, lento siempre, vaticina: "¡Esto no es sobre la gente! Es sobre la paz mundial". ¿Paz mundial? "Claro. Yo te garantizo... si duermes en una amoreba vas a querer abrazar hasta al panadero por la mañana."


* Marcondes Falcão Maia, cantante y compositor brasileño conocido por llevar un girasol en el pecho. Agradezco al anónimo que se sirvió en aclarar este punto. Más información (en portugués) aquí.

Reportaje con texto de Bruno Noguera y fotografía de Fernanda Rappa, traducción libre del artículo original.

Además de este maravilloso reportaje, hay una sesión fotográfica del grupo. Y la revista Trip, en otro link también publicó un inspirador vídeo del grupo que embebí aquí para que lo puedan disfrutar.

lunes, 18 de febrero de 2013

Crónica de una obsesión pasajera

Tal vez pueda parecer extraño ahora que lo pienso, pero no suelo tener tantas ganas por conocer a alguien. Encontré casualmente un blog, un blog escrito por una mujer, a mi entender, extraordinaria, y no sólo mujer extraordinaria, sino una persona extraordinaria. Y me prendí, y quise saber más de ella, porque su blog muere en alguna fecha del 2011. 

La puse en google, un par de apariciones más, otro blog, y un par de libros. Luego me encuentro este artículo hablando de ella, divina, Nancy Prada. Y luego otro artículo dedicado a ella, luego una cuenta en twitter, y nada más.


"Ya había probado con bacanales entre ambos géneros, pero empezó a sentir que sólo había tenido sexo con otras mujeres para satisfacer a los hombres. Hacían lo que las películas porno les habían enseñado y no lo que de verdad les causaba placer. Así que se reunieron ellas y solo ellas para tumbarse sobre sus cuerpos distintos y húmedos."


Me tomo mi tiempo para encarar este cuadro, intentar armar este rompecabezas incompleto de partida y logro esbozar una idea de esta personalidad.

Se hacía llamar Sofía Acalántide, vive a más de mil kilómetros de este mi lugar en el planeta. Pero a la distancia logró transmitir sus ideas, su imperfección, sus detalles. Comenzó escribiendo el blog El Sexo de Sofía en un diario, y sus múltiples actividades personales le impidieron continuar un tiempo, para cuando pudo retomar, decidió que ya era hora de ser Sin Vergüenza.

Estudió en un colegio de monjas, fue madre, se casó, encaró una revista llamada "Tabú", se divorció, abortó, estudió filosofía, tiene un par de libros en su haber, hizo de su vida un cuadro con todos los colores. Ahora se interesa en la identidad trans, hizo una maestría en estudios de género y de acuerdo con su filosofía personal exploró buena parte de los recovecos de la sexualidad humana, no sólo en la teoría, sino en la práctica.

Frecuentó un grupo mixto de amigos y conocidos que se dedicaba a las orgías (aunque decirlo solamente así es pecar de simplista). Sintió que no le fue suficiente por lo que organizó la Orgía de Chicas. Aquí un resumen de uno de esos encuentros, aunque se manifiesta reacia a entrar en detalles, su máxima: “Quien quiera saber más, que ponga su cuerpo para averiguarlo”.

Apologista del feminismo, del amor libre, de toda manifestación afectivo-sexual posible. Y de todo proceder que sirva para reconocer y valorar las relaciones humanas en todo su espectro.


"No voy a hacer la pose de la santa, ni más faltaba. He tenido el privilegio de compartir voluntariamente mi cuerpo con mucha gente en estos 33 años, pero ha sido siempre con personas que en su momento me gustaron. Y deseo que siga siendo de esa manera."


No ha de ser la única mujer que se expresa de esa manera, pero llevar a cabo tal entrega con tal vocación y convicción es sublime. Y el hecho de que se exprese en público y logre transmitir esa idea de militancia le otorga un valor extra, aún cuando luche con sus condicionamientos que desatan sus contradicciones, que todos los tenemos, y se muestre tal cual es.


"Pero lo cierto es que todavía me descubro -o me descubren- sintiéndome culpable de asuntos que mi hedonismo tendría que aceptar con más tranquilidad. Supongo que por eso, porque insisto en llevarme hasta ese otro lugar, este blog se llama “Sin Vergüenza”. No por quien soy, sino por quien quiero llegar a ser: una persona que se ha librado del peso del juicio ajeno y logra convertirse en su propia vara."





Soy de creer que esta vida está para incursionar en todo, si hay alguien que se exploró a sí misma, fue ella. Y a ella esta entrada en este blog como homenaje tal vez anónimo.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Por qué los matrimonios abiertos a veces funcionan

El matrimonio abierto no es para cualquiera, pero tampoco la monogamia.

Recientemente, otro blogger en este sitio escribió un articulo tomando partido por una postura contraria a los matrimonios abiertos. Si alguien hubiese escrito un articulo similar acerca de la homosexualidad pienso que la junta editorial hubiese tenido que dar otra disculpa. Aunque en general hay una pizca de razón en cualquier punto de vista, es desafortunado que alguien que dice ser un experto y profesional haya pintado una imagen tan distorsionada del matrimonio abierto. No hay duda de que ella tuvo buenas intenciones, pero estaba mal informada, probablemente porque su información proviene de clientes que están buscando ayuda con la infidelidad y matrimonios que fracasan. Soy la primera en admitir que las relaciones poliamorosas tienen su cuota justa de disfunción, pero también existen muchos matrimonios abiertos sanos y felices.

Raramente un matrimonio abierto significa que las personas tienen relaciones sexuales con quien quieran y cuando quieran, sin ninguna consideración por los sentimientos y las preferencias de su pareja. Y, contrariamente a la imagen anticuada de la poligamia patriarcal, la mayor parte de los líderes en el moderno movimiento poliamoroso a nivel mundial ha venido de las mujeres.

Por ejemplo, unos buenos amigos míos han celebrado recientemente su aniversario de boda número 50. Los he conocido por al menos 20 de esos 50 años. Y les puedo asegurar que no solo son capaces de un apego, y uno muy “especial” entre si, cada uno de ellos tenían otros amores y otras parejas sexuales en los últimos años. Si bien, pudieron haber tenido problemas con los celos a veces, pienso que ambos dirían que no se perderían la profunda y enriquecedora experiencia de intimar con otros. Pocas parejas tienen la suerte de tener una sociedad tan creativa, expansiva y productiva. Y no tienes que confiar en mis palabras, recientemente han publicado un libro llamado CO-CREATION: FIFTY YEARS IN THE MAKING cuya sinopsis usted puede ver aquí [en inglés].

Hay muchas otras parejas abiertas de alto desempeño, solteros poliamorosos, y una pizca de triadas y matrimonios grupales sobre los cuales he escrito en Poliamor en el siglo 21, y a pesar de que todos necesitamos ayuda algunas veces, dudo que alguna de estas personas se inclinaría por terminar en el consultorio de un terapeuta o consejero matrimonial que tiene un sesgo a favor de la monogamia. 

Mientras que muchas personas eligen a sus parejas sobre la base de la atracción sexual, los que son más conscientes se dan cuenta que el sexo solamente no es una base sólida para un compromiso a largo plazo. Los que son más conscientes también se dan cuenta de que el compromiso y la fidelidad no son sinónimos de la monogamia y conocen la diferencia entre la unión saludable y la codependencia.

Por otra parte, a pesar de los preceptos de la teoría del apego, algunas personas parecen tener la disciplina para poner límites a su relación con otras personas ajenas a su compromiso de pareja. Este estilo de relación no es atractivo para mí ni para muchas parejas poliamorosas para quienes el punto central de intimar con los demás es el desarrollo de relaciones unidas que van más allá de la pareja, pero esto sólo sirve para demostrar que los seres humanos son una especie extraordinariamente diversa, con diferentes capacidades para la unión que van de cero a uno a la vez, a varios simultáneamente. En lo que a mí respecta pienso que no hay cableado universal cuando se trata de sexo y de relaciones, que no sea el deseo de amar y ser amado.

Un bebe que tiene un solo cuidador "primario" esta en riesgo de desarrollar todo tipo de trastornos psicológicos. Ahora entendemos que tener por lo menos una figura de cuidado es necesario para que los bebes prosperen, porque sin esto, su salud esta en peligro, incluso si tienen una alimentación adecuada y calidez. Pero si un cuidador es suficiente para sustentar la vida, muchos reconocen que dos o mas son necesarios para desarrollar todo nuestro potencial. Esta comprensión esta reflejada en la sabiduría tribal que expresa “se necesita una aldea para criar a un niño”. Hemos vivido esta manera empobrecida en cuanto a relaciones que muchos aceptan como normal, pero esto no significa que lo sea. Mi sensación es que los niños que se sienten especiales para varios adultos afectuosos son mas capaces de relacionarse con su pareja de adultos y al mismo tiempo mucho menos inclinados a aferrarse a una única pareja, tanto si eligen o no la monogamia.

Cualquiera que viene a mí para un coaching de relaciones con una situación en la que él o ella quiere un matrimonio abierto mientras su cónyuge no, deberá escuchar mi sugerencia de invitar a su pareja reticente a tener un amante antes de que lo haga quien propone la apertura. A menudo esta invitación no es recibida con entusiasmo, y nunca debe ser propuesta como una demanda, pero la sola idea de eso inevitablemente traerá a flote sentimientos de ambas partes que los ayude a tener más compasión y comprensión del otro punto de vista y a menudo conduce a avances en ambos lados. 

La realidad es que todos tenemos deseos internos, tanto por la monogamia como por la no monogamia y proyectar el lado oscuro con el que no nos identificamos sobre la pareja solo resultara en conflictos y juicios. Más bien recomiendo a la gente a resolver esta ruptura dentro de sí mismos antes de decirle a otros lo que deben hacer.


Traducido en colaboración por María del Mar de este artículo original en inglés. Autora: Deborah Anapol.

jueves, 7 de febrero de 2013

Las ventajas del poliamor

¿Tiene valor social el poliamor?

Al empezar la revolución sexual en los sesentas, mucha gente pensó que crear relaciones no monógamas honestas sería fácil. Por el contrario, medio siglo de salidas nulas y descubrimientos dolorosos nos enseñó que el poliamor pasa la factura. El hecho es que la mayoría de los hombres del siglo veinte tienen impulsos contradictorios que nos estira hacia la dirección de los celos y la posesividad.

Estas fuerzas opuestas deben ser reconciliadas antes de ser verdaderamente libres de amar y en esto yace uno de los mayores regalos que el poliamor tiene para ofrecer. El poliamor coloca a la gente en el ojo del huracán, con una abundancia de oportunidades de confrontar estas fuerzas opuestas y enseñar de sus errores por el camino. Los teóricos del aprendizaje descubrieron que cuantos más errores cometes, más rápido aprendes. En el poliamor, es posible tener el beneficio de varios cursos de vida de errores en un tiempo relativamente corto gracias a que te estás envolviendo en más de una relación íntima al mismo tiempo.

Las relaciones poliamorosas ofrecen muchos medios de acelerar el crecimiento personal. Todas las relaciones íntimas en su mejor faceta son un camino para mayor conciencia y autoconocimiento, en gran parte gracias a la valiosa retroalimentación -o efecto espejo- que uno recibe de un ser amado. Tener más de un compañero al mismo tiempo no solo aumenta la cantidad de retroalimentación disponible sino también dificulta culpar a tu compañero por los problemas que podrías estar creando en la relación. Por supuesto, la monogamia serial también ofrece la oportunidad de ver surgir los mismos errores una relación tras otra, pero no solo toma más tiempo aprender la lección, y es que si eres un interlocutor avispado, puedes ser capaz de convencer a una persona a la vez que no es tu culpa, mientras que es menos probable que dos personas sean embaucadas en este sentido.

Bill es un hombre atractivo cerca de los cincuenta años que nunca se casó. A través de los años tuvo una serie de relaciones monógamas, cada una de las cuales duró cerca de cuatro años. "No estoy seguro de por qué ninguna de estas relaciones duró", me dijo. "Siempre asumí que simplemente no congeniábamos y pasaba a la siguiente mujer, pero me estoy quedando viejo, y realmente quiero sentar cabeza". Bill decidió probar el poliamor y aceptó mi consejo de empezar saliendo con mujeres que no estuviesen buscando compromisos monógamos. Pronto estuvo saliendo con tres mujeres diferentes y se emocionó cuando resultó que dos de ellas se conocían y se agradaban mutuamente. Luego de unos cuantos meses, sin embargo, se encontró debatiéndose consigo mismo. "Liz, Helen y Angie están enojadas conmigo", se quejaba. "Empezaron a comparar notas y descubrieron que dije algunas mentiras piadosas. Ahora me acusan de manipularles. Realmente no entiendo cuál es su problema, pero me gustaría descubrirlo. ¿Puedes ayudarme?" Bill estaba cosechando los beneficios del poliamor de una forma distinta a la que esperaba, pero su apertura a observarse a sí mismo de una vez por tres mujeres insistiendo en vez de una era prometedor.

Porque los relacionamientos múltiples son inherentemente más complejos y demandantes que los monógamos y porque desafían las normas de nuestra cultura, ofrecen otras oportunidades de valioso aprendizaje. Lecciones respecto a amarse a uno mismo, acerca de la tolerancia por la diversidad, acerca de hablar desde el corazón y comunicarse claramente, respecto a aprender a confiar en un sentido interno de rectitud y pensar por uno mismo en lugar de confiar ciegamente en opiniones externas son solamente algunas muestras de tales lecciones. Estas cualidades son destinos de una persona emocional y espiritualmente madura, la clase de persona que resulta en un buen padre y contribuye a su comunidad.

Una de las preocupaciones más comunes acerca del poliamor es que pueda ser dañino para los niños, pero nada podría estar más alejado de la realidad. Las familias con múltiples adultos y las redes de compromiso íntimo tienen el potencial de proveer a los niños dependientes de adultos que crían de poder satisfacer sus necesidades materiales, intelectuales y emocionales. Mientras que los padres pueden terminar enfocándose menos en sus niños, los niños pueden ganar nuevos tíos, tías y padres adoptados.

Más adultos compartiendo la paternidad puede significar menos estrés y menos fatiga sin perder ninguna de las recompensas. En un grupo más grande de hombres y mujeres es más probable que uno o dos adultos estarán con la voluntad y la aptitud de quedarse en casa y cuidar de la familia o que cada uno pueda estar disponible uno o dos días a la semana. Si un padre muere o no está más a disposición, otros miembros de la familia pueden rellenar la brecha. Es posible que nuestros niños tengan más modelos de rol, más compañeros de juegos, y más amor en un ambiente grupal. Por supuesto, estas ventajas pueden encontrarse en cualquier establecimiento comunitario, pero la gente a menudo evita la intimidad con otros adultos en un esfuerzo consciente o no de salvaguardar un compromiso monógamo.

El poliamor tiene el potencial de crear familias estables y educadoras donde los niños se desarrollan en una atmósfera de amor y seguridad. Con la familia nuclear tradicional bien encaminada a su extinción, estamos enfrentados con una cuestión de crítica importancia: ¿quién se encargará de los niños? Ni las familias donde ambos padres estén en el mercado laboral ni las familias monoparentales ofrecen a los niños cuidados a tiempo completo, con cuidadores amorosos y de calidad, siendo estos escasos y caros al mismo tiempo. Como mucho, los cuidados institucionales a tiempo completo (incluyendo escolaridad pública) no pueden proveer la atención individual, intimidad, flexibilidad y la oportunidad de soledad que los niños necesitan para hacerse cargo de su potencial. La monogamia serial presenta una vida discontinua estresante a los niños y también a los padres. Mientras tanto, una generación entera está en riesgo a medida que el divorcio se vuelve un hecho de la vida cada vez más común.

Aún no sabemos cómo el poliamor impacta en la tasa de divorcio; la poca información de la que disponemos sugiere que no lo hace. Esto es, las tasas de divorcio aparentan ser más o menos las mismas en matrimonios monógamos y no-monógamos. Algunas personas han empezado a bromear acerca del "poliamor serial", y puede resultar que cualquier tipo de relación duradera es sencillamente poco probable en el siglo veintiuno. Sabemos que la práctica del poliamor puede ayudar a preparar a los padres a mantener lazos familiares luego de un divorcio porque ya se lidió con el asunto de volverse celoso cuando es confrontado con una nueva pareja antigua.

El poliamor puede significar un mayor estándar de vida al tiempo que se consumen menos recursos. Es más probable que los compañeros amantes-sexuales se sientan cómodos compartiendo el hogar, el transporte, artefactos, y otros recursos. Incluso si los compañeros no viven en comunidad, comparten comidas frecuentemente, se ayudan mutuamente en reparaciones y proyectos domésticos, y toman vacaciones juntos. Este tipo de cooperación ayuda a proveer un más alto nivel de vida mientras reduce el consumo individual así como a mantener a la gente muy ocupada para consumir de más. Los compañeros múltiples también ayudan en la renovación de nuestra devastada ecología humana creando una sensación de comunidad unida.

El poliamor puede ayudar a los padres e hijos a adaptarse por igual a un mundo incluso más complejo y de cambio rápido. Uno de los mayores desafíos que a enfrentar los seres humanos al amanecer del siglo veintiuno es afrontar al ritmo de vida cada vez más rápido. Estamos siendo constantemente inundados con más información de la que podemos absorber y más opciones de las que podemos evaluar. Las nuevas tecnologías se están volviendo obsoletas casi antes de que las podamos implementar. Intentar sostenerse puede ser estresante si no imposible para una persona o para una pareja. Pero un pequeño grupo de compañeros amorosos y bien coordinados puede dividirse las tareas que pudieran abrumar a una o dos personas. Los relacionamientos de múltiples compañeros pueden ser el antídoto al shock futuro.

Uno de los desafíos más difíciles que enfrentan hombres y mujeres en el siglo veintiuno es efectuar la transición de las identidades de género rígidas y bien definidas que prevalecen, a los roles más fluidos y andróginos preferidos por muchos individuos. Diversas opiniones con respecto del acercamiento más saludable, natural y funcional a los roles de género aún se debaten por los científicos sociales, sicoterapeutas y maestros espirituales. La mayoría de la gente estaría de acuerdo, sin embargo, que tanto la masculinidad al estilo John Wayne y la versión clásica de la femineidad de ama de casa de los cincuentas, así como cualquier identidad basada solamente en el género, son prescripciones para la infelicidad. Mientras las versiones extremas de estos estereotipos antiguos son cada vez más raras, mucha gente aún pelea con los efectos más sutiles de la tiranía de las generaciones basadas en género.

El matrimonio tal como lo conocemos está basado en patrones establecidos en tiempos bíblicos para regir a las mujeres como propiedad de los hombres. El poliamor puede ayudar a hombres y mujeres a romper los roles sexuales disfuncionales y alcanzar relacionamientos ecuánimes, sexualmente gratificantes y respetuosos simplemente gracias a su novedad. La mayoría de nosotros hemos absorbido inconscientemente mensajes culturales acerca del comportamiento adecuado para maridos y esposas. Podemos pensar que nuestra sociedad moderna ha dejado atrás su legado, pero recuerde que las mujeres en los Estados Unidos han alcanzado el derecho a votar hace menos de 100 años. El poliamor nos lleva a confrontar el condicionamiento de nuestros ancestro del rol sexual y exige que lo superemos. Eso requiere que hombres y mujeres por igual superen nuestra programación competitiva e inventemos nuevas formas de relacionarnos dado que no podemos retroceder más haciéndolo simplemente como lo hacían mamá y papá, o como lo hacían la abuela y el abuelo.

Los propulsores de la ecología profunda sugieren que la antigua sabiduría de los pueblos indígenas puede ofrecer algunas pistas importantes a nuestra supervivencia como especie. La defensora de la ecología profunda Dolores LaChapelle fue una de las primeras escritoras del siglo veinte en discutir el sexo y las relaciones íntimas en un contexto ecológico. Ella ve las rupturas en tantas relaciones modernas como resultado directo de tomar mucho énfasis en el romance entre dos personas y perder la vista del amplio agujero en el cual estamos insertados. En su enciclopédico Tierra Sagrada, Sexo Sagrado, ella traza con la sabiduría indígena un cuadro vívido de las maneras en las cuales el sexo múltiple sirvió tradicionalmente para unir al grupo, tornando difusos potenciales conflictos, y fortalecer la conexión a la tierra. Cita muchos ejemplos de pueblos nativos tanto modernos como antiguos cuyas costumbres y rituales incorporaban el sexo como "natural, inevitable y sagrado porque es parte del amplio interrelacionamiento entre humanos y la naturaleza en ese lugar."

Uno de los reportes da cuenta de una antropóloga que viajaba por la jungla con una amiga y su marido, ambos de la tribu. Cuando se detuvieron para acampar durante la noche, esta amiga se puso a hacer el amor con su marido y le preguntó si se quería unir a ellos. Ella describe la experiencia como natural, lúdica, cariñosa, y de unión para ambas mujeres.

En muchas de estas culturas, así como en el estilo amoroso llamado actualmente poliamor, el emparejamiento es una opción entre varias, y las parejas esperan incluir a otras en su intimidad o relajar sus límites cuando la situación surja. Las parejas así como otros agrupamientos y los solitarios participan todos en festivales estacionales que incluyen el sexo ritual para "incrementar la energía no solo entre hombre y mujer sino dentro del grupo como un todo y entre humanos y su tierra".

La investigación del Dr. James Prescott reveló que culturas como éstas son significativamente menos violentas que aquellas que no permiten el sexo extramarital. Mientras el pensamiento occidental moderno generalmente considera los ritos de fertilidad como meramente supersticiosos, si no inmorales, LaChapelle describe una base biológica para sus efectos positivos.

LaChapelle lo explica así: "En el sexo ritualizado, que no está confinado al área genital, el cuerpo entero y el cerebro reciben estímulos repetitivos durante un considerable período de tiempo. Esto lleva a la "sintonía del sistema nervioso central". Para resumir brevemente, si el sistema nervioso parasimpático o el sistema nervioso simpático es estimulado, el otro sistema se inhibe. Ocurre la sintonía... cuando existe tal potencia y prolongación de la activación de un sistema que se sobresatura y se desborda al otro sistema de forma que, a su vez, se activa. Si se estimula el tiempo suficiente el siguiente nivel de sintonía se alcanza donde la fuerte descarga simultánea de ambos sistemas autónomos crea un estado de estimulación del haz prosencefálico medial generando no solamente sensaciones placenteras sino... un sentido de unión o unidad con todo. Este nivel de sintonía permite el predominio del hemisferio izquierdo; resolviendo así problemas considerados insolubles por el hemisferio racional. Más aún, el ritmo de la acción repetitiva como se realiza en los rituales sexuales genera descargas límbicas positivas, resultando en cohesión social incrementada; contribuyendo así al éxito de tales rituales como mecanismos de unión.

Por supuesto que el poliamor no necesariamente tiene que ver con tales actividades exóticas, pero como filosofía del amor, provee un contexto en el cual el ritual erótico es posible sin prohibiciones basadas en una creencia en un derecho a la exclusividad sexual como prueba de compromiso o fidelidad. Lo que el poliamor requiere es un tipo de amor más altruista e incondicional del que comúnmente se encuentra en las uniones monógamas y surgen naturalmente de un sentido de unidad. Mientras la monogamia, por supuesto, también se desarrolla en el amor sin egoísmo, la monogamia puede sobrevivir más fácilmente que el poliamor en ausencia de él.


Traducción libre de un artículo en inglés. Autora: Deborah Anapol

Pareja poliamorosa busca…

Un periodista, una pareja poliamorosa y una de las ciudades más conservadoras del país son el marco ideal para una crónica sobre la naturaleza del amor y sus múltiples expresiones. 

Esta historia comienza con dos protagonistas. Pero termina con tres, o cuatro. Eso nunca se sabe. 
Supe de ellos a través de un amigo en común. 
Desde hacía varias semanas había venido preguntando a mis conocidos sobre sus “usos y costumbres” románticas con la intención de concretar una entrevista con una pareja poliamorosa. 

La idea se concibió en una plática de café, cuando alguien me comentó la existencia de un taller de reflexión integrado por parejas de este tipo, y que tenía su sede en la tradicionalista ciudad de Puebla. 
Más que morboso, el tema me pareció subversivo. 
En el 2009 la ola conservadora había azotado al país mediante la aprobación de reformas legislativas en los congresos locales para prohibir el aborto. La contraofensiva llegó a finales de ese mismo año desde el Distrito Federal con la aprobación de una ley que protege el matrimonio gay, dotando a los cónyuges de los mismos derechos que tienen las parejas heterosexuales, entre ellos la adopción. 
En un momento histórico donde la categoría de familia se había convertido en objeto de una disputa ideológica, ¿qué podía ser más revolucionario que un grupo de personas cuestionando el estatuto de exclusividad propio de la monogamia?
Así que, sin más, comencé a interrogar a mis conocidos, a los conocidos de mis conocidos, y a los conocidos de éstos.
Fue así que llegue a Othón y Gris, los protagonistas de esta crónica. 

Un café como cualquier otro
Othón es de Puebla, tiene una hija de dieciséis con la que apenas mantiene contacto. Gris es oriunda de Veracruz; vive con él y sus tres hijos. Desde hace nueve años comparten su vida.
Si esta fuera una crónica a modo, diría que son una pareja normal. Pero no lo son. Ni les interesa serlo.
La cita tiene lugar en un café del centro. Rodeados por edificios centenarios y majestuosas iglesias, intercambiamos los primeros saludos.
En la mesa contigua, un grupo de chicas se cuenta los pormenores del fin de semana con el galán en turno. Por su plática, uno podría deducir que estas adolescentes están en camino de convertirse en esposas abnegadas y amas de casa irreprochables. Nada nuevo en una ciudad que se precia de tener entre sus habitantes a algunas de las élites más conservadoras del país. Puebla, urbe de añejos conflictos estudiantiles entre comunistas y católicos recalcitrantes; la que décadas atrás atestiguó el nacimiento del Yunque, uno de los grupos de ultraderecha más poderosos de México. Puebla, la que algún intelectual trasnochado osó alguna vez bautizar como “La Belfast de América”.
Dudo antes de pedir autorización a mis informantes para grabar la conversación. Me ha sucedido antes que una grabadora echa a perder lo que prometía ser una buena entrevista. No es el caso. 
Cuando les pido que me narren la forma en que se conocieron, me queda claro que Othón y Gris no son personas fáciles de intimidar. Francos y abiertos, entran al tema de forma directa, sin atajos ni ambigüedades.
Othón cuenta que hace diez años, cuando recién empezaban a salir, decidieron plantearse el tema de pareja bajo un modelo distinto. Ambos venían de relaciones largas, concebidas bajo un esquema tradicional que finalizaron en amargas rupturas y desengaños. Renuentes a repetir los patrones que los llevaron a fracasar anteriormente, se propusieron construir una de carácter abierto, sin etiquetas ni formalidades, donde ambos pudieran sentirse libres. Había una sola regla: tenían que contarse todo. 
La experiencia para ambos fue tan enriquecedora que, lejos de mostrarse desapegados y ajenos a las circunstancias del otro, comenzaron a desarrollar un vínculo muy profundo. 
Fue así como a los pocos meses de conocerse tomaron una decisión que hubiera sido impensable bajo otro tipo de paradigma afectivo. Decidieron mudarse juntos.

Prueba y error, la metodología del amor

Lo que para Othón y Gris comenzó como un camino estrecho e inédito que se escindía de la transitada ruta monogámica, pronto se convirtió en un sendero que corría paralelo a otras formas alternas: el estilo de vida swinger fue una de ellas. 
Cuenta Othón que fueron cuatro años los que vivieron inmersos en el ambiente propio del intercambio de parejas. Cuatro años de experimentación, aprendizaje y, finalmente, de profunda decepción.
“Con el paso del tiempo nos fuimos dando cuenta de que era algo totalmente diferente a lo que nos habían platicado. Era muy mecánico, muy frío. Eso fue algo que no nos gustó desde un principio. La gente te lo pinta como un lugar donde se va a hacer amigos, incluso en el plano erótico uno se lo imagina romántico. Pero la realidad es otra, te vas llevando muchas desilusiones.”
“Estuvimos en el ambiente alrededor de cuatro años”, afirma Gris. “Tampoco éramos muy activos. No es que estuviéramos peleados con el sexo, pero no nos gustaba la manera fría y despersonalizada con que éste se daba”.
Otro aspecto con el cual se sintieron incómodos durante esa etapa de su relación era la conducta machista y el sentido de propiedad sobre la pareja que suele privar, incluso dentro de esas prácticas.
“Cuando tú entras a los perfiles de las parejas en internet siempre ves fotos de mujeres. De hombres casi no. A nosotras nos exhiben. Ahí se maneja una visión muy machista en la que la mujer es un objeto de placer con el que se puede jugar y en el que se procura siempre la satisfacción del hombre. Es una reproducción del modelo habitual, pero con reglas distintas.”
Desencantados de este estilo de vida dejaron de citarse con otros y poco a poco comenzaron a espaciar sus visitas a los bares de intercambio.
Un día se encontraron en la calle a una pareja con la cual habían interactuado algunas semanas atrás. Othón y Gris los saludaron afectuosos y ellos no respondieron. Simplemente les dieron la espalda. Esta descortesía fue la que marcó su salida definitiva del ambiente.

Cuando dos no son suficientes

“Nos sentíamos como marcianos”, comenta Othón mientras me percato de que la mesa de junto, otrora fuente de alboroto, guarda un sospechoso silencio.
“No estábamos a gusto dentro de la opción tradicional ni dentro del ambiente swinger. En ese entonces desconocíamos que existía la opción del poliamor. Nos sentíamos solos con nuestras ideas.”
Ambos afirman que ésa fue, quizá, su etapa más difícil como pareja. Luego, se hizo la luz.
Una tarde, navegando en internet, Othón se topó en una página española con un relato erótico donde se narraba la interacción que se da entre una pareja que decide incluir un tercero.
“Los involucrados eran dos hombres y una mujer. Al final, ella alternaba sus espacios cotidianos con cada uno de ellos. Lo interesante es que aunque al principio el acercamiento se da sólo en el ámbito físico, con el tiempo se empieza a dar un despertar afectivo entre los personajes. A nosotros nos llamó mucho la atención la idea de incluir a ese tercero en nuestras vidas. Alguien que no fuera tan etéreo. Que pudiéramos convertir esa relación esporádica en algo más constante y más cercano.”
Gris no duda en calificar ese texto como una revelación.
“Cuando Othón me lo enseñó, supe que eso era exactamente lo que estábamos buscando.”
A partir de ese momento Othón y Gris se abocaron a investigar sobre la opción poliamorosa en México. Fue así que llegaron al grupo Poliamor México, un sitio virtual donde se proporcionan información y recursos sobre el tema. 
En esta página supieron de la existencia de Diana, Sergio e Israel, la “trieja” chilanga que conduce La casa de los mil cuartos, el primer programa de radio por internet sobre el tema, los cuales —gracias a una entrevista que les hicieron en el programa Shalalá de TV Azteca— se han convertido en el modelo prototipo de las familias poliamorosas en México.
También se enteraron de la conformación de un grupo de reflexión en Puebla donde se discutía abiertamente la opción como una nueva forma de relacionarse con los otros. 
“Para nosotros entrar a ese grupo ha sido muy padre. Gracias a él hemos podido conocer e interactuar con gente con la que podemos compartir nuestras experiencias y vivencias, y con quienes compartimos además las mismas ideas. La mayor parte de las personas que van al taller no han podido formar nunca una trieja, algunos ni siquiera una pareja secundaria, incluso hay algunos que van hasta solos, pero están en la disposición de reflexionar y de poner en la mesa de discusión muchas de esas cosas que no se discuten afuera. Eso, por lo menos, es dar ya un primer paso.”
Othón y Gris relatan que, a diferencia del ambiente swinger, donde la relación se basa únicamente en la satisfacción sexual, las parejas poliamorosas establecen compromisos y lazos emocionales más profundos.
“En ese ambiente todo es a escondidas. Terminas tu aventura de un ratito y regresas a tu vida de siempre, a tu monogamia. Aquí no. Aquí se trata de integrar a otras personas a tu vida. No es que cada quien se vaya por su lado con su pareja, por el contrario, nosotros buscamos integrarlas a nuestro entorno.”
Según cuentan, las formas de relacionarse dentro del poliamor cumplen una amplia gama de modalidades: algunos están casados y conviven en el mismo sitio sin dormir juntos, otros se encuentran ocasionalmente, y hay quienes ni siquiera conocen a las parejas de su compañero, pero saben de su existencia. También hay grupos donde todos los involucrados se relacionan de forma simultánea, y otros en los que las relaciones están restringidas sólo al interior del grupo.
“Todo depende de los acuerdos”, dice Othón, “lo más importante es la comunicación que tienes con tu pareja y la capacidad para construir un acuerdo y cumplirlo”.

Instrucciones para hacer “de tripas corazón”

A medida que la plática transcurre me percato de que Gris está distraída, quizá un poco nerviosa. Continuamente interrumpe la conversación para contestar los mensajes que llegan a su celular.
“Es un amigo con el que me cité para hoy”, me dice entre risas, una vez que es evidente que nuestra conversación discurre de forma paralela a otra que se desarrolla en la pantalla de su teléfono.
Miro de reojo la reacción de Othón. No hay signos de molestia o incomodidad. Por el contrario, creo percibir en él cierto aire de complicidad.
La situación me brinda la excusa perfecta para abordar uno de los temas tabú en toda relación de pareja: los celos.
¿Existen los celos en el poliamor?
“Por supuesto que sí”, es la respuesta unánime.
“En nuestras relaciones anteriores nos marcaron mucho las situaciones de celos. Esa forma de interactuar nos orilló a perder nuestro espacio como personas. Cuando nosotros nos conocimos fuimos claros en respetar nuestros espacios y afectos. Sin embargo, no es un proceso sencillo. Los celos no desaparecen de la noche a la mañana.”
“A lo mejor de mi parte hubo más problemas en ese sentido”, reconoce Othón. “Hubo momentos en que le dije a Gris que no me gustaba lo que estaba sintiendo, y quizá en algún momento le pedí que ya no se siguiera viendo con determinada persona, pero algo que siempre nos salvó fue decirnos todo. Eso fue lo que nos ayudó a superar el problema”.
Comunicación es una palabra que la pareja entrevistada repite siempre. Comunicar, hablar, dialogar. Para ellos, estos verbos representan la medicina que lo cura todo. Una que al principio les supo amarga, pero que con el tiempo han convertido en uno de los aspectos clave sobre los cuales se cimienta su unión. 
“Al inicio Gris tuvo una pareja con la que se involucró mucho y hubo momentos en los que llegué a temer que se enamorara y no quisiera regresar conmigo. Si lo pudimos superar fue con base en la comunicación constante. Ella me contaba todo. Me mantenía informado. Y, en ese proceso, gracias a la confianza, el celo se fue transformando. Al verla feliz o triste en los distintos momentos de su relación, yo entendí que mi labor como pareja no era hacerme a un lado, sino apoyarla, escucharla, darle un punto de vista.”

Acrobacia de alto grado de dificultad

Amarse entre dos no es fácil. Hay que aprender a compartir, a cambiar y, en muchas ocasiones, a aceptar. Las cifras de divorcio en nuestro país son un indicador de la crisis de la pareja. Actualmente se calcula que treina de cada cien matrimonios terminan por disolverse. Y las cifras van en aumento.
Quienes hemos experimentado una ruptura amorosa sabemos que la separación implica siempre una cuota de fracaso y dolor. Pagamos el precio y nos volvemos a enamorar porque creemos que la experiencia nos ayudará a refinar el resultado, que con el tiempo encontraremos a la persona correcta, en el momento adecuado, y que podremos construir —ahora sí— el ideal de pareja que hemos estado buscando. 
Para quienes creemos y practicamos la monogamia, todo se reduce a ese afán por asentarse y edificar.
Pero, ¿qué pasa con aquellos para quienes la búsqueda amorosa no tiene fecha de caducidad? 
¿Sufren igual que nosotros o han desarrollado un grado de desapego tal que les permite saltar de una relación a otra sin pagar las consecuencias emocionales? 
Después de charlar con Othón y Gris, me parece que al menos en lo que a la opción poliamorosa concierne, los vínculos sentimentales forman parte de una rutina gimnástica con un alto grado de dificultad.
Si en la época contemporánea una pareja monógama no las tiene todas consigo, basta con imaginar los trances a los que debe enfrentarse una relación que se desarrolla entre tres, o cuatro, a veces más. 
A lo largo de su trayectoria como pareja, la búsqueda del amor para Othón y Gris no ha sido cosa fácil. Abundan en su historial personas que no se comprometen, que a la primera provocación suelen romper los acuerdos, que buscan sólo una excusa para dar rienda a sus inquietudes sexuales, o que simplemente huyen cuando la propuesta —siempre sincera, abierta, honesta— se sugiere sobre la mesa.
Si mantener vigentes sus uniones secundarias resulta una tarea difícil, ni hablar de lo que implica integrar un miembro más.
En efecto, la consolidación de una trieja en el mundo del poliamor resulta, al parecer, una especie de leyenda.
Casi nadie conoce una estable.
Está la referencia del DF. Pero nada más. 
Aún así, ellos insisten.
¿Qué los motiva?
Othón me da una respuesta que derriba cualquier asomo de duda acerca de sus motivaciones y que me orilla a pensar más en las similitudes que en las diferencias que pudieran guardar con cualquier otro modelo de relación afectiva.
“Hay algo que sucede cuando finalmente logras establecer un vínculo poliamoroso como el que tenemos nosotros. Antes de que se consolide sientes que vives solo, en un cuarto oscuro. Pero un día te das cuenta de que hay otro foco, otra luz que está compartiendo el mismo cuarto. Cuando esos dos focos se acercan te das cuenta que estás en un cuarto iluminado. En ese momento ya no te sientes solo, ni te sientes oscuro, compartes un mismo espacio, compartes una misma luz.”

Adiós a las dogmas

Son las nueve de la noche y el café está por cerrar. Las adolescentes de la mesa contigua, escandalizadas por nuestra conversación, hace tiempo que se han retirado. Gris continúa recibiendo y mandando mensajes de manera compulsiva con su cita de hoy. Mientras tanto, Othón intenta explicarme en qué consiste realmente el poliamor.
“El poliamor no es una religión, no es un dogma que te marque ciertos lineamientos. Ser comunicativo con tus afectos, consensuar acuerdos, ser honestos, son aspectos que deberían asumirse en toda relación. Nosotros decidimos adoptarlos y ser fieles a ellos. Al romper con los paradigmas tradicionales, pudimos tomar conciencia de lo que es realmente valioso: la comunicación, la honestidad y el compromiso. Ingredientes que no sólo deberían estar en el poliamor, sino en toda relación afectiva.”
Les pregunto qué tan difícil es asumirse como poliamorosos en una ciudad como Puebla, y para mi sorpresa responden que más allá de la dificultad que supone relacionarse con personas que compartan sus mismas ideas, no han experimentado hasta el momento alguna actitud de rechazo. 
“Con nuestras amistades, incluso algunas del trabajo, mantenemos el tema abierto, obviamente tampoco nos ponemos el letrero de poliamorosos. Generalmente sabemos con qué personas lo podemos platicar. Por lo regular les causa mucha curiosidad o asombro que no nos den celos. Pero alguna reacción negativa, hasta el momento, no la hemos tenido.”
Gris cuenta que, en su caso, la gente que sabe de su situación tiende a cuestionarla. 
“La gente no entiende que podamos sufrir por otras personas, nos dicen: ¿cómo pueden sufrir si tienen a su lado a su pareja? Qué ganas de complicarse la vida.”
“¿Y no es así?”, pregunto.
“Quizá sí, pero creemos en esta forma de vivir nuestras vidas. Creemos en la honestidad, en la comunicación. Estamos conscientes de que esta opción no es para todas las personas, porque involucra sentimientos, costumbres, creencias, todo ese tipo de cosas. Implica romper con un paradigma en el que todos estamos educados y al que estamos acostumbrados.”
Y parte de ese paradigma tiene que ver con la educación de los hijos. 
A diferencia de otros padres que mantienen en secreto sus relaciones sentimentales, Gris ha decidido compartir abiertamente su estilo de vida con sus hijos.
“Hemos sido claros con ellos desde el inicio. Desde que eran pequeños siempre les hablamos con la verdad. Los hemos ido educando en la diversidad y en la diferencia, con una conciencia muy clara de que en las cuestiones del amor existe una variedad enorme de gustos y preferencias. Mucha gente, incluso aquella que comparte nuestras ideas, nos critica por ser tan abiertos respecto al tema, pero es sorprendente cómo nuestros hijos lo han asimilado.”
A Gris le gusta narrar una anécdota. Le sucedió con el más pequeño, cuando tenía ocho años de edad. Ella acababa de terminar con una pareja secundaria y estaba muy afectada. Cuando su hijo lo notó le preguntó si su tristeza se debía a que se había disgustado con Othón.
“Ese día me puse a platicar con él, intenté buscar las palabras para explicarle. Le dije que tenía un novio aparte de su papá y que esa relación había finalizado. Él me estuvo oyendo, se me quedó mirando y me dijo: mira mamá, yo lo único que quiero es que estés bien y que sepas que cualquier cosa que necesites, ahí estoy yo.”
Cada que cuenta esta historia a Gris se le quiebra la voz.
“Te lo platico y me sigue llegando”, dice una vez que se repone de la emoción. “Nosotros siempre hemos tratado de tener esa comunicación con nuestros hijos.”

De lo que en verdad trató la entrevista

Pasan ya de las diez de la noche y es hora de despedirse. 
El teléfono de Gris suena y ella se levanta para contestar.
Conversa por espacio de varios minutos con su enigmático interlocutor, alejada de nuestra mesa. Luego vuelve.
Othón me cuenta que por ahora no están enganchados en otras relaciones.
“Mucha gente cree que como poliamorosos nos la vivimos en la calle y, como vulgarmente se dice, de brazo en brazo; pero no, por ahora los dos estamos vacantes, aunque tampoco estamos en busca de algo. Éstas son cosas que se tienen que dar por sí solas.”
Cuando Gris se percata de que el mesero nos ha traído la cuenta, le pide a Othón que espere un poco más, que su cita está por llegar.
En efecto, a los pocos minutos ingresa un chico al café. Es joven, apenas debe pasar de los veinte años. Decidido, se aproxima a nuestra ubicación y saluda afectuoso a Gris.
Ella le acerca una silla y lo presenta.
“Ésta es la cita de la que les conté”, nos dice.
Othón se pone de pie y lo saluda con cortesía.
“Nos están entrevistando”, dice para justificar mi presencia.
De pronto tengo la sensación de que en esta mesa de tres empiezo a sobrar.
Ha sido una plática larga y enriquecedora. Pero ya es tarde para mí. 
Me despido no sin antes agradecer su disposición para conversar. 
Apago la grabadora, la guardo en mi mochila y me retiro.
Antes de salir les dedico una última mirada.
Gris y su acompañante conversan animadamente, mientras Othón los observa con atención y complicidad. 

“Esta pareja se quiere”, pienso para mis adentros y, en secreto, desde la puerta de ese local, les deseo suerte en su búsqueda.
Camino a casa me pregunto si la entrevista ha versado realmente sobre el poliamor. Y no sé. Me queda la sensación de que en la mesa de ese café se habló más de confianza, de comunicación, de honestidad, la materia prima con la cual debieran de construirse todas las relaciones humanas.


Artículo publicado casi sin editar, rescatada de la web www.aldeano.net que ya está caída. El autor es un tal Alvaro Hernandez , revista N° 3 del 15 de agosto del 2011.

lunes, 4 de febrero de 2013

Una visión sobre las mujeres

El siguiente texto es una colaboración de un contacto de red social a quien aún no tuve el placer de conocer personalmente, más allá de ciertas definiciones con las que uno pueda no estar de acuerdo, en general el texto merece la pena ser compartido.



De nuevo poligamia. No sobrevivo con una, debo tener todo o nada. Cuando me limito a una, hasta ella misma recibe menos. Cuando tengo muchas, todas reciben mucho. Las mujeres son bellas todas. ¿Por qué habría de encarcelarme sólo con una? No es ese mi sentir. Yo necesito libertad. Amo la libertad. Amo la libertad de poder expresar y trasmitir lo que siento a esa persona por quien lo siento. Cuando me restrinjo y no permito que eso se exprese, es como si una mordaza fuera puesta sobre mí y la tuviera puesta todo el tiempo y no me puedo liberar. Para serle fiel a una sola mujer tengo que ponerme una mordaza de esas. Pero a la larga ella sale perdiendo pues tampoco ella puede recibir su parte. Si las mujeres pudieran saber esto, no tratarían de ponerme obstáculos y se darían cuenta que al darme libertad es cuando más beneficio obtienen.


El sexo es fabuloso, probar el cuerpo de una mujer, acariciar su piel, besar cada centímetro de piel que va desde sus pies hasta su cabeza, besar cada parte y convertir su cuerpo en un universo de caricias, besos, amor, placer. Escuchar el gemido de placer de una mujer al hacer el amor, cada uno de esos gemidos, es una caricia para mis oídos, es música celestial. Ahora veo a cada mujer como un bello y hermoso regalo que la vida brinda sin cobrar ni pedir nada a cambio, más que lo que uno ya tiene en abundancia y está tan deseoso de brindar también. Prefiero brindar mi persona, brindar mi cuerpo, brindar mi atención, aunque en general las mujeres necesitan algo material, aunque sea algo simbólico; pero creo que casi todas lo necesitan y, nunca se sienten completamente amadas hasta que uno ha desembolsado una buena cantidad de dinero o de bienes materiales para ella, sobre todo si uno lo daría todo por ella. Pero puedo brindar cosas que las hagan sentirse halagadas, bellas, valiosas, importantes. En fin las mujeres son todas muy bellas, hermosas y especiales. Excepto cuando se llenan de odio o sentimientos viles de venganza. Pero bueno, eso es parte del paquete. Cuando no están llorando están enojadas, así es su temperamento. Y cada una es especial. ¡Cuántas cosas divinas se puede descubrir en cada mujer! Una mujer es una aventura siempre. Claro que a veces puede ser una aventura desventurada pero al fin, uno nunca sabe qué habrá de descubrir debajo de toda esa belleza. Además no sabe uno cómo pueden brindar su belleza, cada una de un modo que no se puede anticipar. Creo que si de algo debo dar gracias a Dios es de haber hecho un ser tan bello que vive con nosotros los hombres.


A veces siento lástima por ellas, o tal vez compasión, o tal vez ternura. Son tan víctimas de sus propios sentimientos. A veces no se percatan de ello y viven furiosas de las consecuencias de sus propios sentimientos. No pueden ver nada sin brindarle un color de sentimiento asociado. Quizá por eso no saben que el mundo también puede verse libre de sentimientos y que el mundo visto nomás con la razón y el entendimiento también puede ser bello. O no pueden darse cuenta por ello que muchas veces lo que les causa pesar no es lo que ocurre, sino la interpretación y además el sentimiento asociado que ponen a los hechos. Pero por eso también necesitan amor, pues en realidad viven de ello como alimento. Y nosotros también lo sentimos y lo buscamos. Me gusta abrazar y besar a una mujer cuando llora. No es debilidad, es más bien la valentía de expresar su sentir como viene, sin temor y sin pretender ocultar. El llanto sincero es bello e inspira ternura y aviva en uno un amor que busca brindar protección, cuidado y afecto.

Me vuelve loco el vestuario provocativo de las mujeres. Sobre todo los tacones altos, son mi delirio. También me gusta como decoran su belleza con ornamentos vistosos. Cada parte del vestuario que llevan está pensado para exaltar a la vista. Provocan un embrujo especial. Me gusta verlas moverse, adoptar posturas y ademanes cadenciosos, como intentando provocar deseo o convertirse el centro de atención del público. Son estrellas, que deslumbran a su paso; son protagonistas de su propia historia, donde el escenario es su propia vida y donde todos los que somos parte de sus vidas formamos parte del elenco. Son bellas.

Por todo eso quiero poder estar disponible siempre a todas ellas. Cada una de las que ha entrado a ser parte de mi vida, ha abierto una ventana en mí, la cual nunca habrá de cerrarse. No debe ninguna temer que otra vaya robar su puesto; nunca ha ocurrido ni va a ocurrir. Cada una es especial de por vida y su puesto es especial y nunca va a ser ocupado por nadie. Como dice la canción "mujeres, oh mujeres tan divinas, no queda otro camino que adorarlas". Y de verdad que no hay nada más bello que poder adorar la belleza de una mujer. Cada beso es eso, una adoración a todo eso bello que son. Por eso beso cada una de las partes de su cuerpo, porque sé que así ellas pueden saber y estar seguras de lo mucho que valen y lo mucho que son.



El autor prefirió quedar en el anonimato.

jueves, 31 de enero de 2013

Inquietudes

¿Nunca te preguntaste por qué una relación amorosa debe ser solo entre dos personas? ¿por qué uno no puede amar o compartir amor con más de una persona? ¿por qué al sumergirte en una relación tenés que perder tu libertad? ¿por qué dicen en que una relación alguien tiene que ceder y la persona que termina cediendo sos siempre vos? ¿por qué el amor para todas las personas implica pertenencia? ¿porque pertenecer a otra persona?

El amor como un sentimiento elevado y supremo debe ser libre, por sobre todo debemos ser libres de escoger a quien amar o a quienes amar o con quien compartir amor, pero ¿por qué esa libertad de amar no puede ser compartida?  Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la cual un alto porcentaje de la población tiene ideas conservadoras y tradicionales en muchos o sobre casi todos los temas y por supuesto, ese tradicionalismo también abarca el ámbito de las relaciones amorosas, donde encontramos un patrón que se viene repitiendo a lo largo del tiempo, del que uno por ser parte del mismo grupo social debe cumplir a cabalidad y como siempre aquella persona que propone algo distinto es directamente marginada y discriminada. 

Seguir tu camino ya no es una opción.
Si bien el tradicionalismo en esta cuestión es algo imperante, ¿por qué no quebrar esa estructura, ese esquema, por qué tener que vivir y convivir con algo que no te hace feliz o que restringe tu libertad a la posibilidad de ser uno mismo? Y es la libertad, el deseo de ser libre lo que te puede llevar a conocer otras opciones diferentes a las del amor tradicional. Uno puede ser feliz y pasarla bien con una persona, pero también puede ser feliz con más de una, si ese sentimiento de restricción esta abarcando tu ser y no te permite disfrutar de la otra persona y ni de vos mismo y te esta quebrando, es el momento de explorar maneras distintas de ver las cosas y de vivir las cosas. 

“Ser diferente no siempre significa que lo que haces esté mal”. Es un postulado que deberías tener presente para poder librarte de prejuicios sociales o patrones tradicionales que amoldan tu forma de actuar, y no debería ser así. 

Entre las opciones distintas al amor tradicional encontramos la relación abierta y otra opción el poliamor. Pueden hacerte sentir mejor e incluso pueden y deberían compartirse con las personas a quienes amas, propuestas que deben ser habladas abiertamente por que ya no estamos en tiempos de reprimirnos a nosotros mismos y menos de reprimirnos por otras personas.


Colaboración de Marimar Peralta.

Flotante